martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz 2014


El equipo del blog Comercios Históricos de Valencia desea a todos sus lectores, colaboradores y comercios un feliz Año Nuevo.

¡Os deseamos que sigáis haciendo historia y aprovechamos para recordaros que no dejéis de visitar nuestro último artículo!...



Os dejamos enlace a los tres artículos más vistos del año:

TIENDA DE LAS OLLAS DE HIERRO


LABORATORIO DEL DOCTOR TRIGO


PERFUMES ROBILLARD




domingo, 29 de diciembre de 2013

Tienda del León y de Corazón de Jesús. Calle de las Mantas 4 al 12.

Tienda del León y de Corazón de Jesús. Calle de las Mantas 4 al 12.

La calle de las Mantas fue desde siempre el lugar en el que se concentraban numerosas tiendas de productos textiles. La especialización comercial de esa calle, antaño llamada “calle Nueva” llegó a ser tal, que en la última década del siglo XIX la totalidad de sus comercios se dedicaba a la venta de tejidos.

A finales del s. XIX los números 6 y 8 de la calle eran ocupados por la tienda de tejidos de Vicente Aldas que colindaba con la tienda de ropa de Arnau Alcañiz, abierta al público en el número 10 y 12. Era evidente que los bajos comerciales eran de tamaño reducido, lo que obligaba a los comercios más prósperos a extenderse por varios locales.

La calle Nueva era ya por entonces conocida popularmente con el nombre de calle “de las Mantas”, denominación relacionada con la venta de este u otros productos textiles que gozaba de enorme popularidad, hasta el extremo de que los comercios se publicitaban usando tanto la denominación oficial como la popular. Su proximidad al mercado la convertía en una calle céntrica y muy concurrida y la especialización en productos textiles la convertía en referente obligado para los clientes interesados en tales géneros, lo que reforzaba su carácter populoso.

Pero aunque la clientela era segura, la competencia era enorme, tanto más por el hecho de que todos los comercios de la calle se dedicaban a la misma o muy similar actividad. Distinguirse del resto significaba atraer la atención del cliente y tomar ventaja sobre el resto de la competencia y para ello un emblema llamativo y fácil de retener en la memoria del comprador, resultaba un instrumento de primer nivel.

En un momento indeterminado  las tiendas de los números 6-8 y de los números 10-12 pasaron a detentar por divisa un león y un Sagrado Corazón de Jesús. El león es un animal poderoso y emblemático, con connotaciones evangélicas pues es la figura animal alegórica del evangelio de San Marcos mientras que el Corazón de Jesús es un emblema sacro que en la teología católica representa el amor de Dios Padre e Hijo proyectado hacia el género humano.

Tarjeta publicitaria. Primera década del siglo XX.
Colección Andrés Giménez

Hemos de pensar en el tipo de cliente al que se dirigían tales emblemas: el cliente minorista era por lo general, femenino. Mujeres educadas en una sociedad conservadora y en una religiosidad ferviente. El león es un emblema fácil de recordar, lo bastante llamativo y evocador como para llamar la atención de la chiquillería, que lo señalaría con curiosidad y asombro infantil. El Corazón de Jesús evocaría en personas educadas en principios religiosos conservadores la idea de honestidad y credibilidad que todo comerciante necesita para hacerse buen nombre y atraer a la clientela.

Ya fuese por esto, por la gestión de sus propietarios o por lo concurrida que era la calle, a Vicente Aldas se le quedaba pequeña la tienda pues en torno a 1895 se extiende al número 4. Aldas ocupaba ya los números 4 al 8. Su vecino Arnau Alcañiz seguía en el 10 y el 12 y allí se mantuvo hasta que a principios del siglo XX dejó paso a Ricardo Alcañiz, del que presumimos, seguramente era hijo de Arnau, según denota el apellido.

En aquel tiempo se produce un hecho inaudito que si bien no llamará la atención de lector si que debió de llamarla en su tiempo… en el número 7 de la calle Nueva, vulgo de las Mantas cierra una tienda de tejidos pero en su lugar… no abre una nueva tienda de tejidos… lo que abre es… ¡una papelería! Dotada también de imprenta, esta papelería imprimió membretes por encargo para la tienda de Ricardo Alcañiz.

Albarán del comercio.
Colección Andrés Giménez

¿Se trataba tal vez de un signo de que los tiempos cambiaban y la hegemonía del comercio textil comenzaba a tambalearse en favor de productos de consumo más variados o acaso la competencia de los grandes almacenes El Siglo Valenciano en la vecina calle de San Fernando comenzaba a hacerse notar y era acusada por el comercio minorista de textiles?.

Excede los propósitos de este artículo analizar cumplidamente las hipótesis anteriores. Pero no es el único cambio relevante en lo que a comercios de la calle Nueva se refiere pues en torno a 1910 la tienda de tejidos de Aldas (números 4 al 8) es  absorbida por la de Ricardo (números 10 al 12). Ricardo Alcañiz pasa a señorear una tienda que ocupaba todos los bajos comerciales desde el número 4 al número 12 de la calle. Al fusionar bajo su propiedad ambas tiendas fusiona también sus divisas por lo que nace así la “Tienda del León y del Corazón de Jesús” que no era sino el resultado de la unión de las dos tiendas anteriores en manos de un único propietario.

Ricardo Alcañiz regentó el negocio hasta finales de los años veinte ocupando los números del 6 al 12, pues el número 4 fue tempranamente abandonado y ya en 1914 era sucursal de la tienda de tejidos que J. Selma tenía en la calle Derechos.

La tienda de textiles tuvo tras Ricardo continuidad bajo gerencia de Haro Olmos y Compañía, hasta practicamente la década de los setenta, A mediados de los sesenta, muy venida a menos, ocupaba tan solo el número 6 de la calle, ya oficialmente llamada de las Mantas.





martes, 3 de diciembre de 2013

Casa Torrent. Huevería, pollería y caza. Plaza Redonda, antigua 24.


Aunque en la actualidad la Plaza Redonda es conocida por sus comercios de cerámica e hilaturas, a principios del siglo XX había un espacio dedicado a la venta de comestibles y productos de alimentación, entre los que se contaban aves y huevos.
Tarjeta postal comercial.
Colección Andrés Giménez

Estos comercios son el vestigio de una larga tradición de venta de productos cárnicos, pues no  en vano  el espacio que hoy ocupa la plaza era el lugar donde estaba el matadero y la pescadería de la ciudad. Debido a las medidas higienistas de la segunda mitad del siglo XIX, la Plaza del Cid, vulgo Redonda, se destinó a zona para la volatería (venta de aves).

En 1892 un comercio se dedicaba a la venta de carne de ave, exceptuando  venta de pájaros que  no mencionamos en este artículo y que también había en esta plaza, era el número 24 la pollería de Josefa Querol.

A principios de siglo esta pollería era regentada por Cayetano Torrent que vendía huevos al por mayor. Nace así Casa Torrent, establecimiento que perduró hasta la década de los 60. Sus competidores en la misma plaza era Vicente Ramón , en el número 25 y Vicente Gimeno en el número 20, competencia que se prolongó hasta la década de los 40.

Hacia 1914 el negocio pasa a manos de Rafael Torrent, y con esta denominación el comercio se mantuvo hasta su desaparición. aparte de huevos al por mayor, Rafael vendía aves  y caza.

Este comercio editó  una serie de tarjetas postales en las que aprecia a sus empleados en la entrada. Como se puede apreciar  en la fotografía carecía de escaparate y exhibía las aves que vendía colgadas de tres grandes perchas colgantes sobre el dintel de la puerta. Justo en la entrada había una jaula que servía además de mostrador  que contenía patos vivos.

El comercio no admitía regateos y advertía de que sus ventas lo eran "a precio fijo". En los años 30 disponía de línea de teléfono con el número 11.826. En esta década cambió la numeración de la plaza y quedó en su número 15. Según Ángel Martínez en su blog "La Valencia desaparecida", el local es en la actualidad la tienda de artesanía cerámica Cobalto y cobre.

A partir de la década de los años 40, la plaza empezó a convertirse en zona para la venta de géneros de punto e hilaturas, que fueron desplazando a los comercios de venta de aves, con excepción de las pajarerías de las que aún pervive algún ejemplo en la actualidad. La plaza fue abandonando así su carácter como espacio para la venta de artículos de primera necesidad y de la mano de una progresiva mejora del poder adquisitivo ha ido evolucionando hasta convertirse en un espacio turístico, y perdiendo su carácter de espacio comercial popular, por lo que comercios antaño habituales tales como las pollerías, casas de comidas o similares han dejado paso a otro tipo de actividades.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández
Agradecemos los datos e imágenes facilitadas a Ángel Martínez y Andrés Giménez

domingo, 1 de diciembre de 2013

Instituto de La Nueva Ciencia de Curar del Doctor Vander (médico holandés) c/ Jorge Juan, 15



En la actualidad proliferan todo tipo de anuncios que publicitan productos milagrosos, curanderos, sanadores y pseudocientíficos de todo pelaje y condición. No hemos inventado nada, desde luego, pues como veremos en las siguientes líneas, los "remedios milagro" basados en palabrería barata, gozan de largo recorrido histórico en Valencia.
Si pensaban, estimados lectores, que la homeopatía, la naturopatía y similares eran invento reciente... pasen y lean...

Retrato de Kuhne

Louis Kuhne era un naturópata alemán, nacido en Leipzig y obsesionado por el veganismo, las fricciones y por privar de sal y azúcar en la dieta a sus sufridos pacientes. No es de extrañar que cuando abrió su clínica en Leipzig en 1883 no fuesen demasiados sus pacientes... y es que hacer dieta a base de ensalada, sin sal siquiera, es poco digerible por muy alemán que seas.

Establecimiento Internacional de Kuhne

Su establecimiento no obstante, llegó al rango de internacional, prometiendo curación, sin medicamentos ni operaciones. Tamaña promesa cautivó a muchos pues hubo de ampliarlo en 1892, 1901 y 1904. En origen no pasó de administrar tratamientos basados en inmersión, a modo de establecimiento balneario.
El "método Kuhne" tenía precursores en las figuras de Schroth, Rausse y Teodoro Hahn. Kuhne los simplificó en una serie de rutinas basadas en inmersiones, lavativas y fricciones. La cantinela que aún alguno cree sobre que "los medicamentos matan"  era filosofía de cabecera de este ilustre sanador.
No seamos duros con Kuhne. Desde los veinte años de edad sufría severos dolores de cabeza y problemas respiratorios que la medicina de su tiempo no atajaba. Ante el fracaso, desesperado como tantos otros, busco refugio en "alternativas" y convencido de haberlas hallado no es de extrañar que lo predicase a los cuatro vientos.
Y... ¿como nos afecta esto?
Pues porque uno de sus discípulos aventajados, ex director del establecimiento del doctor Kuhne, se asentó y ejerció en Valencia. Se trataba de Adrian Van der Put Vermuden.
Van der Put debió pensar que su apellido holandés era demasiado complejo para oídos poco afines a su lengua materna, así que lo simplificó para convertirse en el "doctor Vander" y con ese nombre se le reconoce en su publicidad.
Abrió en Valencia sede de su "Instituto de la Nueva Ciencia de Curar", en la calle Jorge Juan, 15, en el que atendía de 9 de la mañana a 2 de la tarde. También atendía por correspondencia, para lo que facilitaba un cuestionario a sus pacientes y en casos muy puntuales, visitaba a domicilio fuera de Valencia.


Tuvo clínica también en Barcelona, en la calle Consejo de Ciento, aunque hubo de cesar en sus actividades en 1927 debido a problemas legales surgidos de una reforma legislativa y especialmente, al ser demandado por ejercer pseudomedicina sin ser médico ni poseer cualificación médica reconocible. A partir de entonces se dedicó a la literatura naturópata, publicando hasta 40 libros y numerosos artículos. Tuvo su propia editorial en la plaza Monestir, 3 de Pedralbes. Falleció en 1973.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández

martes, 19 de noviembre de 2013

Droguería y Perfumería de F. Cordellat, CALLE CORREJERÍA, 23



Post 14755 foro Remember Valencia.
Fotomontaje de los autores

La relación de la familia Cordellat con la droguería se remonta a sus orígenes como fabricantes de jabón, producto cuya elaboración estaba estrechamente ligada a la ciudad, en la que existió una calle Jabonería y otra de la Jabonería Nueva.

En los años 40 del siglo XX, Francisco Cordellat  abrió en una droguería en el número 25 de la calle Corretjeria, y en el año 1947 se traslada al número 23.

Este número 23 de Corretjeria había sido ocupado a finales del siglo XIX por la Librería  Francesa de Molina y Sánchez. Poco después con  el cambio de siglo la librería dejó paso al herbolario Eduardo Mataix. Cuando Francisco Cordellat se trasladó, el local llevaba años sirviendo como carbonería, propiedad de José García.

Para amueblar su establecimiento, Francisco adquirió el mobiliario de una tienda de Torrente, una obra de carpintería lacada en verde que se ensamblaba sin necesidad de clavos.

Este mobiliario daba al interior de la droguería un aspecto característico y con fuerte personalidad: a la izquierda del acceso se encontraba el mostrador y en derredor se encontraban estanterías y cajoneras que llegaban hasta el techo. Para que el droguero pudiese acceder a las más elevadas una escalera subía hasta una pequeña galería, también de madera, que recorría el perímetro.

Francisco dejó el negocio en manos de su hijo Paco que además de productos de droguería y perfumería vendía colorantes y pigmentos para manualidades y Bellas Artes, cera, cola de conejo, piedra y líquidos para el contraste de oro o gel de sílice entre otros productos, casi todo ello al peso. Era una de las pocas tiendas que a principios del siglo XXI aún los vendía de esta forma y a precios más económicos que en otras tiendas especializadas.

Poseía el negocio un característico letrero, escaparate con dos vitrinas donde en sus últimos años exhibía cazoletas que contenían pigmentos  de vivos colores, que atraían la atención del público. Su fachada era de azulejo blanco y en ella lució durante años un gran termómetro publicitario de Netol. Todo ello excepto el termómetro se conservaba cuando ya en este siglo se hizo cargo del negocio el hijo de Paco, Juan Carlos, la tercera y última generación de la droguería, que la cerró de forma definitiva en el año 2009.

En el año 2011 tras dos años sin uso, compró el local Carlos Cervera para abrir en él la compra-venta de pintura, obra gráfica y coleccionismo Art i Oci. El propio Carlos nos cuenta que trató de salvar el mobiliario de la droguería haciendo gestiones para cederlo a la Diputación, con la única condición de que esta asumiese su desmontaje y traslado. Al no fructificar sus gestiones no lo quedó otro remedio  que retirarlo par acondicionar el bajo a su nuevo uso, y  el histórico rótulo se conserva y se puede admirar en la actualidad.

Aún hoy, antiguos clientes de la droguería entran a preguntar qué fue ese negocio y cuándo se cerró , señal que mantenía una clientela fiel.

Autores: Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López.
Agradecemos a Angel Martínez y Carlos Cervera los datos facilitados.







domingo, 17 de noviembre de 2013

Fábrica de curtidos de Vicente Graullera, calle cocinas nº1


En la segunda mitad del siglo XIX se funda la sociedad "Navarro y Graullera".  En 1892  y hasta 1897 tenía despacho en la calle Cocinas nº 1  y almacén  en la de  Bany dels Pavesos nº15. Es probable que Navarro, que aparece destacado en negrita, sea el socio principal. No tenían fábrica propia y se dedicaban a la distribución de curtidos al por mayor. Según cuentan sus descendientes suministraban  en esta época las pieles curtidas con que se elaboraba el calzado que usaba el ejército español, muy demandado como consecuencia de la Guerra de Cuba, actividad que parece ser, les resultó muy lucrativa.

Según la publicidad que reproducimos, de  principios del siglo XX, en algún momento de esta época la asociación con Navarro de disuelve y pasa a llamarse "Graullera y hermanos", siendo Vicente, el que lleva las riendas del negocio.


En 1905 ya aparece en solitario Vicente Graullera como titular del negocio y sede en las dos direcciones reseñadas; en torno a esta fecha establecen una relación comercial con el fabricante de curtidos Vicente Bartual, que tenía una fábrica de este género en el camino nuevo de Burjassot nº 57; aunque en la  publicidad de Graullera puede leerse "fábrica de curtidos", en realidad es Bartual quien le suministra.

Esta fábrica de curtidos se encontraba en el camino nuevo de Burjassot junto a la herrería de Blasco y Almela. En esta época la calle Burjassot llegaba al número 17 a partir de cual se extendía el camino nuevo de Burjassot, una zona de expansión urbana que empezaba a ser ocupada por nuevas industrias. Aún perduraba el camino viejo de Burjassot, aunque era una zona poco ocupada en la que solo se documentan dos edificios: en el número 36 y 37 la fábrica de carros de V.  Ferrandis y en el número 40, la propiedad del horticultor Francisco Blat.

Este negocio no sobrevivirá a 1910, y parece volatilizarse. En la dirección de la calle Bany dels Pavesos nº 15 está asentado el zapatero Senent Catalá Lafuente y en la calle Cocinas nº 1 estaba la fábrica de curtidos de José Monserrat. La fábrica de curtidos del camino de Burjassot nº 57 sigue funcionando, bajo la dirección del antiguo suministrador de Graullera, Vicente Bartual.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández Serrano.

Artículo solicitado por Eureto, usuario del foro Remember Valencia, cuyos datos agradecemos.



viernes, 8 de noviembre de 2013

Farmacia Balkis, avda. Barón de Cárcer, 26



En 1947 D. Juan Sanchis Raga, recién licenciado en Farmacia por la Universidad de Granada, abre farmacia en la calle San Vicente, a condición de que traslade su ubicación.

El edificio al poco de su construcción
Juan estudia posibles ubicaciones en el entorno de San Agustín, finalmente su cuñado, promotor del inmueble, le convence un 1948 para instalarse en el edificio Balkis, de reciente construcción.

Juan Sanchis Raga en su farmacia. Archivo familiar.

Lo costoso de los locales es un inconveniente notable, por lo que Juan solo accede a un pequeño bajo en forma de cuña. El despacho abierto al público era realmente pequeño, con un reducido mostrador frente a la puerta y una pequeña trastienda-almacén en la que a un lado se ubicaba su despacho. La pieza se completaba con un baño situado al fondo. Al otro lado de la medianera se encontraban las escaleras de acceso al cabaret sito en los bajos del edificio, que serían anuladas para incorporar el espacio a la farmacia en una ampliación posterior.

Archivo familiar de Rosa Sanchis

En 1994 fallece Juan y su hija, Rosa Sanchis Belenguer, doctora en Farmacia por la Universidad de Valencia, se hace cargo del negocio, ampliando considerablemente el tamaño de la farmacia así como sus servicios: ortopedia (especialidad de Rosa desde 1995), clínica podológica y clínica de fisioterapia.

Interior de la farmacia. Web Balkis.


Justo debajo, ocupando el sótano, se encontraba la sala de fiestas Balkiss, espacio que en la actualidad ocupa el casal de la falla Avenida del Oeste "els Velluters". 

Web Balkis.

Autores: Enrique Ibáñez López y Gumer Fernández Serrano

Nuestro agradecimiento a Dña. Rosa Sanchis Raga por los datos y el material gráfico procedente de su archivo personal y de la web: http://www.farmaciabalkis.com/


Licencia de Creative Commons Comercios Históricos de Valencia by Gumersindo Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License. Creado a partir de la obra en http://comercioshistoricosdevalencia.blogspot.com.es/.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Carpintería de Fernado Bas, Guillén de Castro, 139




Colección Fernando Bas

En la segunda mitad del s. XIX, Carlos Bas Artola regenta una carpintería en la calle Gracia (Músico Peydró), de la que tenemos constancia ya en 1892. Iniciaba así un negocio que ya alcanza su cuarta generación.

Entre 1892 y 1897 se traslada a la calle Muda, 3 (Poeta Llombart). Con el cambio de siglo vuelve a trasladarse, estableciéndose esta vez en la calle Mallorquins 3 y 5, tal vez buscando mejor acomodo o un alquiler más asequible.

En la primera década del s. XX deja el negocio a Evaristo, uno de los hijos de su numerosa prole, formada por tres varones (Evaristo, Fernando y Manuel) y cinco mujeres (Amparo, Carolina, Isabel, Josefina y Manuela). Aparte de Evaristo, también Fernando seguirá los pasos de su padre en el mundo de la carpintería.

Evaristo, hombre de elevada posición "que tenía hasta ama de llaves" en palabras de su sobrino y propietario actual, goza en la actualidad una calle dedicada en Benimàmet. Prosigue el negocio familiar en la calle Mallorquins y fallece en 1956. Bajo su gerencia cambia el nombre del negocio para darle el suyo propio.

La familia Bas prospera pues en torno a 1914 abren un aserradero en el lugar que hoy ocupa la actual carpintería de Fernando Bas. La acabará regentando otro de los hijos de Carlos Bas, Fernando, padre del propietario actual, aunque el negocio seguirá siendo conocido como "Carpintería de Carlos Bas" hasta el fallecimiento de Fernando en 1957.

Catálogo. Colección Fernando Bas 

Ese mismo año toma el relevo el actual propietario, Fernando Bas Grau, hijo del anterior y que representa a la cuarta generación al frente del negocio. Ligado a la empresa familiar desde su infancia trabaja en ella desde muy joven, aprendiendo los fundamentos del negocio y viviendo en él alguno de los principales acontecimientos históricos del s. XX. El propio Fernando nos relata como durante la Guerra Civil, se vivieron en las inmediaciones de la carpintería, disturbios y tiroteos que él mismo aún recuerda, junto a otras anécdotas como que la carpintería tenía dos entradas, una de ellas, la que recaía a la calle Quart hoy desaparecida y convertida en portal o la curiosidad de que en la propia carpintería guardaban un caballo francés, cuya caballeriza, delimitada por una sencilla mampara de madera, aún conserva y se prestó a mostrarnos.
Caballeriza.

El negocio tuvo salida a dos calles, la referida a la calle Quart, hoy desaparecida al edificarse una finca contigua y que sufrió diversos cambios de numeración durante su historia y la salida a la calle Guillem de Castro, entrada actual al negocio.

Con Fernando, según sus propias palabras, se extinguirá esta centenaria estirpe de carpinteros pues no habrá una quinta generación que tome el relevo.

Autores: Gumer Fernández y Enrique Ibáñez

Agradecemos a D. Fernando Bas, propietario del negocio, sus interesantes aportaciones y el material cedido para elaborar esta entrada.

Atención, el texto de esta entrada está sujeto a derechos de copyright.


De los textos: todos los derechos reservados en favor de los autores.

Las imágenes marcadas al pie como "colección Fernando Bas" están excluidas de este copyright.



lunes, 28 de octubre de 2013

Pastelería de Manuela Formenti, antigua pastelería de "Las Estrellas", calle Comedias, antiguo número 25



Tarjeta postal inédita del comercio.
Colección Enrique Ibáñez



La pastelería de Manuela Formenti, antigua pastelería de "Las Estrellas" se encontraba en el anterior número 25 de la calle Comedias.

La proximidad de la Universidad otorgaba a la calle Comedias un ambiente joven y universitario que propiciaba la proliferación de locales orientados al disfrute de dulces, de los que los universitarios resultaban y resultan ayer y hoy, ávidos consumidores.

Así en esta calle había una notable competencia en el intento de atraer a jóvenes (o no tan jóvenes) dispuestos a dejarse los cuartos a cambio de deleitarse con un dulce, una horchata fresca o un vaso de chocolate caliente.

Competían con Manuela la chocolatería de José Salvador, en el número 5 y 7, que existía desde antes de 1892 bajo gerencia de Antonio Salvador hasta que en torno a 1897 José toma las riendas del negocio; en el número 21 atendía la panadería de Jaime Tuset y en el 31 la cerería/confitería de Manuel Edo (antes de Joaquín Puchades).

Manuela Formenti abrió su negocio a principios de siglo en el número 25, en el local que había ocupado la pastelería de Andrés Burgos, de la que tenemos constancia desde al menos 1892. A su pastelería se entraba por una puerta de doble hoja, una de las cuales había sido habilitada para servir como escaparate; a ambos lados de las jambas estaba decorada con dos figuras femeninas de estilo modernista. Su rótulo reivindicaba antigüedad y abolengo "antigua pastelería de Las Estrellas". El tradicional mostrador de madera recibía de frente a los clientes.

Factura del comercio

Manuela, muy posiblemente la señora que aparece en la imagen, pues era frecuente que el dueño o dueña posase para la foto de la tarjeta publicitaria de su comercio, se especializaba en empanadas, bizcochos, pasteles variados, dulces y repostería y así lo declaraba tanto en la tarjeta de su comercio como en sus facturas.

La pastelería pasó al número 17, aunque sin cambiar de local, al renumerarse la calle a principios de los años 20. No duró mucho más, pues en 1923 ya encontramos instalada allí a  otra saga de pasteleros, de origen segorbino, los Jericó, que por esas fechas abren en Valencia una sucursal de su pastelería de Segorbe. Bautizan a su negocio con el místico nombre de "la Rosa de Jericó", y tendrá tal éxito que, tras varios cambios de sede comercial, ha perdurado hasta hoy, aunque de ella hablaremos más adelante.

Autores: Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López

Con la colaboración de: Ángel Martínez (blog "La Valencia desaparecida") cuyas observaciones y datos agradecemos.

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jueves, 24 de octubre de 2013

Justo Burillo y Comandita c/ Luis Vives, 7 entlo.





La fábrica de tejidos de seda y ornamentos sagrados de Justo Burillo había iniciado su andadura a finales del s. XIX como "Burillo y Monzón" aunque será bajo la denominación "Justo Burillo, en Comandita" sita en la calle Luis Vives 7, entresuelo y con sucursal en la calle de la Paz número 10, cuando alcance sus mayores éxitos.

Estampa religiosa

Como empresa especializada en la confección de mantos, ornamentos de seda y bordados finos en hilo de oro, logra un enorme prestigio, obteniendo diploma y medalla en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza de 1908 y repitiendo éxito en la Exposición Regional de Valencia de 1909, en la que contó con espacio reservado en la primera planta del Pabellón de Industria.

Manto de la Dolorosa de Hellín (Albacete)

Su fama trasciende los límites de la provincia, recibiendo encargos desde toda la geografía peninsular: el estandarte de la Asociación de Caballeros del Pilar (Zaragoza), el de la Hermandad de Caballeros de Lepe (Huelva), el manto de la patrona de Ceuta, el de la Virgen del Lledó de Castellón, el de la Piedad de Quintanar de la Orden o el de la Dolorosa de Hellín salen de sus talleres. este último precisamente será premiado en la Exposición Regional Valenciana de 1909. El propio Burillo se publicita como "exportador a las Américas", llevando su fama a dimensiones trasatlánticas.

Publicidad, año 1928

No limita su producción a los tejidos sino que además, bajo la marca "El Espíritu Santo" produce todo tipo de ornamentos y utensilios para el culto; además restaura ornamentos antiguos y llega a comprar y vender antigüedades. Todo ello lo publicita sin escatimar en gastos, en los más diversos medios: desde revistas locales de Morella hasta el propio Diario de Valencia.

Publicidad, año 1916

Justo Burillo Serón, llega a ser un referente: tesorero de la Cámara de Comercio de Valencia en 1911, mencionado entre los principales patronos urbanos en la revista del obispado, goza de prestigio y distinciones. Pero no todo era idílico: las malas condiciones de trabajo de sus modistas provocaron conflictos laborales y duras protestas.

Tarjeta de visita del comercio

La empresa perduró hasta mediados del s. XX.

Autores: Enrique Ibáñez López y Gumer Fernández Serrano.


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miércoles, 16 de octubre de 2013

Peluquería "la Artística" de Pedro Couly Duport


La peluquería de señoras y perfumería de Pedro Couly Duport (que en Valencia se castellanizó a "Delpuerto" tal y como aparece en la guía telefónica de 1921) abre sus puertas a principios del s. XX en la esquina de la calle del Mar con la calle Avellanas (llamada de Primado Reig entre 1923 y 1940) en el bajo que hoy ocupa la casa de moda femenina "Ámbar".
Pedro Couly, su propietario y fundador presumía de haber recibido formación en París, ciudad emblema de la moda y el refinamiento estético de su tiempo, y abundaba en ello presentándose en sociedad como jurado del Congreso de París.


Fuente: programa Viveros Municipales, año 1932

Couly explotaba sin remilgos una imagen comercial cosmopolita. No le bastaba con atribuirse formación y prestigio parisino; además atendía en varios idiomas y así lo publicitaba: "on parle français" "english spoken". No parece probable que su establecimiento tuviese relevancia internacional pero tales cosas reforzaban su imagen como comercio "a la última" en lo que a estética se refería.

Fuente: post 39085 del foro Remenber Valencia

Pero como el cosmopolitismo no está reñido con el coste, como buen comerciante Couly no olvidaba que lo primero es ofrecer un buen precio, "a peseta el chufo" anunciaba y usaba para ello el italianismo "chufo" "ciuffo" (flequillo, mechón): económico, sí, pero ante todo, cosmopolita.

Especialista en ondulación permanente (tal vez con el aparato que se adivina en su publicidad), completaba el negocio con la venta de perfumes. "Seguridad, rapidez, éxito siempre, gran economía" era su compromiso comercial.


Libreta del comercio

Autores: Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López.



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lunes, 14 de octubre de 2013

La tienda de las ollas de hierro



En 1793 llega a Valencia un sastre exiliado de Francia, un país agitado por la Revolución Francesa. Dedicado a la confección y bordado de trajes abre comercio en la popular calle Sombrerería, que mantiene hasta 1808. La invasión francesa y las represalias que la población levantada en armas ejerce contra los franceses residentes en la capital, le obligan a exiliarse de nuevo dejando el comercio en manos de su dependiente, Joan Esteban Esteban.

Joan Esteban le da un giro al negocio, abandona la sastrería y comienza a importar ollas de hierro procedentes de Marsella. Paradójicamente no las vende sino que se limita a actuar como depósito logístico para su distribución por todo el país. Esta actividad que dará nombre al comercio no será la única pues Joan Esteban compagina su labor como distribuidor con la venta minorista de objetos religiosos y material de confección y bordado.

El comercio cambia de sede varias veces en pocos años: primero se establece en la calle de San Vicente, cerca de la plaza de la Pelota y antes de 1828, amenazando el edificio de San Vicente con venirse abajo, el comercio vuelve a mudarse estableciéndose en su local actual. El mobiliario, que aún se conserva en uso, se realiza a medida del nuevo local.

El tercer propietario es Miguel Gómez Prósper , que con notable visión comercial renueva la imagen de la fachada;crea el emblema del comercio, dos grifos rampantes que apoyándose sobre una olla invertida, sujetan en el aire otra con sus garras. A él se debe buena parte de la imagen del comercio que hoy disfrutamos, con excepción del emblema, hoy desaparecido y que lucía en origen en la confluencia de las calles Derechos y Jofrens. No basta esto a Miguel Gómez, que con miras a proteger el prestigio comercial del establecimiento registra su denominación comercial en el Registro de Patentes y Marcas en 1878.

 

Tras retirarse Miguel Gómez a principios del siglo XX, dos propietarios se suceden en pocos años. El primero es Manuel Reig Bonell, descendiente de una estirpe de comerciantes urbanos, quien prosigue la política de protección de la imagen comercial del establecimiento al registrar en 1916 la marca de fábrica que singularizaba los productos de este comercio. Poco después llega un nuevo propietario, Benjamín Martín Caruana.


Martín Caruana orienta el negocio hacia la venta de artículos religiosos, que publicita asiduamente en diversos medios, con despliegue de fotografías del comercio. En 1944 Martín traspasa la tienda a los hermanos Virgilio, Mariano y Rosario Pérez Martínez. Mariano funda así una estirpe comercial que alcanza hasta hoy, pues es tío abuelo del propietario actual. Los nuevos propietarios mantienen la línea comercial de su antecesor a la que añaden como innovación publicitaria impresión de tarjetas a todo color con motivos típicos valencianos. Además complementan la tradicional venta de efectos religiosos, con la de artículos de paquetería y confección en general.

Mediada la década de los 50, Mariano queda en solitario al frente del negocio con la ayuda de Miguel Almenara Pérez, padre del dueño actual. Mariano se convierte en toda una institución del comercio valenciano, pues se mantiene al frente hasta 1992. Su hermana Rosario recibe el negocio entonces y su sobrino Miguel continua llevándolo hasta su jubilación en 1997. Es entonces cuando, prosiguiendo la saga familiar, el hijo de este, Jesús Almenara, actual propietario, asume la responsabilidad de dirigir el comercio más antiguo de Valencia y uno de los más carismáticos de la ciudad, cualidades que le han merecido diversos reconocimientos, entre los que destaca el premio de la Junta Municipal de Ciutat Vella en el año 2002 o el premio ARCHIVAL en el año 2009.


 

Este comercio,  estuvo cerca de desaparecer en el año 2008 a causa de la ruina del edificio contiguo, en el nº 8 de la calle Jofrens, declarado por el Ayuntamiento en ruina inminente, aunque afortunadamente fue restaurado, tras lo cual el comercio ha recuperado su imagen primigenia. En la actualidad se dedica a la venta de objetos religiosos, pasamanería para trajes de valenciana, clavariesas  y hábitos de cofrade de hermandad, siendo referente para numerosos sacerdotes de la provincia que acuden a él para adquirir ornamentos e imágenes para sus parroquias. Vende además complementos para fallera y figuras para belenes navideños.




Autores de la entrada: Enrique Ibáñez López y Gumer Fernández Serrano

Imágenes: www.tiendadelasollasdehierro.com y coleccionistas particulares.

Web del comercio: www.tiendadelasollasdehierro.com

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