miércoles, 26 de marzo de 2014

Zapatería de Ildefonso Gomis. Calle Palafox 7 y 9



Fotografía del comercio años 20. Extraído del blog Valencia en blanco y negro

En la década de  los años diez , Ildefonso Gomis  abre una zapatería y una fábrica de calzado  en la calle Doctor Sanchis Bergón número 9 de Valencia. Sin embargo en la siguiente década se traslada a la calle Palafox número 7 y 9  esquina con la calle En Gall número 1.

La calle Palafox junto al Mercado Central ofrecía mejores expectativas comerciales para su actividad, por ser una calle concurrida en una zona de gran dinamismo económico debido a la proximidad del mercado. De hecho ya había tradición zapatera en esta calle pues en ella ya existían desde 1892 cinco zapaterías.




Ildefonso adquiere la zapatería que perteneció a  Luis Salou,que la tuvo pocos años, ya que antes perteneció a los hermanos Mancebo que la habían regentado desde finales del siglo XIX. La competencia era enorme, pero Ildefonso contaba con una baza, pues era propietario de una fábrica en el camino de Villareal 109 y 111 de Nules  lo que le permitía vender sus  productos a precios ajustados.
Sobre comercial
Tenía  una gran variedad de productos, que incluían calzado de todas clases y tipos,  un amplio abanico de modelos para comuniones, calzados para campo y playa, borceguíes (calzado que llega por encima del tobillo abierto por delante que se sujeta con correas) , y botas de agua negras o en colores variados de la marca Tan Calf. En su establecimiento no admitía el regateo y lo advertía anunciando que vendía a precio fijo. Su horario comercial era de lunes a sábados, cerrando los domingos y festivos.  Su lema era "comprad mis calzados y ahorraréis dinero".
          Fichas publicitarias

Se publicitó en distintas revistas, llibrets de fallas,  y además emitió series de cromos publicitarios  de fútbol impresos por la imprenta Peñafort en la calle Carniceros  y fichas comerciales en distintas aleaciones.

Con su política de precios ajustados y amplio catálogo tuvo más éxito que sus antecesores y permaneció en la calle Palafox hasta su fallecimiento en 1952. El negocio pasó a su viuda y pocos años después a su hijo que aún lo regentaba a finales de los años sesenta del siglo pasado.

Publicidad para cines. 
Extraído de Remember Valencia III post 2445

El local, vacío y muy reformado aún puede verse, así como su último letrero luminoso, muy deteriorado, en la esquina de las calles Palafox y En Gall.

Autores: Gumer Fernández y Enrique Ibáñez.



De los textos:





domingo, 23 de marzo de 2014

Fábrica de bolas de billar de Luis Bruguera. Calle San Vicente Mártir, 21

Fábrica de bolas de billar de Luis Bruguera. Calle San Vicente Mártir, 21


El origen del billar es confuso disputándose ingleses y franceses su invención. El juego tiene su origen en otros más antiguos propios de la alta sociedad europea como el croquet de mesa que consistía en puntuar empujando la bola a través de un arco y del que se dice Mozart era un gran aficionado.

Mozart componiendo en una mesa de billar


A lo largo del siglo XVIII, el billar llegó a las colonias americanas como un juego elitista propio de clases sociales elevadas. En el siglo XIX el juego se fue popularizando y en Europa se generaliza en los pujantes cafés de la sociedad burguesa. a finales del siglo XIX todo café que en Valencia quisiese ser tenido por local distinguido había de contar con mesa de billar. En 1887 la ciudad de Valencia contaba con ocho salones de billar, entre ellos el de José Alapont, Hermanos Cayol en la calle Ribera o Federico Serrano en la Bajada de San Francisco.

Grabado de jugador de billar, siglo XIX

Luis Bruguera abrió su fábrica de bolas de billar en el año 1886 en la calle Ribera 33, pocos años después de que José Escardibul fundase en Barcelona la primera fábrica española de bolas de billar. Pocos años después Bruquera se traslada a la calle San Vicente Mártir número 44 y en 1897 ya lo vemos instalado en su sede definitiva en el número 41 de dicha calle (hoy número 21 frente a la calle San Fernando), donde la empresa permanecería hasta su cierre.

Publicidad año 1897

Las bolas de billar eran un producto muy demandado, se estima que para cubrir la demanda británica en el siglo XIX era preciso el sacrificio de 12.000 elefantes al año y que el stock de bolas de la estadounidense Burroughes & Watts equivalía al marfil de 6 kilómetros de elefantes en fila india. Los materiales empleados eran caros y difícil de trabajar, auque para fabricar bolas se podía usar madera de raíz de brezo, marmol o alabrastro entre otros materiales el marfil era el preferido aunque era más costoso.



Bruguera solo empleó marfil y podía obtener hasta diez bolas por cada par de colmillos de elefante contando con que la materia prima estuviese bien curada, proceso que requería dos años de secado y que no se agrietase durante el pulido. Para evitarlo se pulían de forma progresiva y cuidadosa en un ambiente seco para evitar que el marfil, material poroso, aumentase de volumen al ganar humedad y la bolo se quebrase. Así las cosas las bolas tenían precios prohibitivos, por lo que Bruguera no solo fabricaba bolas nuevas, sino que las componía cuando estaban quebradas puliéndolas para obner una de menor tamaño. Esta era una práctica habitual rezón por la quelos juegos de billar empleaban bolas de tamaño desigual, cosa que no afectaba al juego pues el tamaño de dichas bolas no estaba reglamentado.
Bolas de Bruguera de marfil. Extraído de Todolección.net

A finales del siglo XIX Bruguera diversificó su oferta con paraguas, bastones, pipas de fumador y juegos de mesa con parchís y ajedrez. el denominador común de estos productos era que alguno de sus componentes se elaboraban con marfil. De este material se elaboraban empuñaduras de paraguas, bastones, fichas y dados de parchís las piezas de ajedrez o cazoletas de pipas de fumador. Su gama de pipas no solo incluía las de marfil sino que además vendía talladas en sepiolita y ámbar. Además de fabricar y vender al por menor productos acabados, vendía accesorios y componentes y contaba con personal especializado en reparar todos los productos que vendía.

Publicidad año 1900

A principios de los años treinta, se había incorporado al negocio José Bruguera y en los años cuarenta los Bruguera dejaron paso  a Benjamín Muñoz Fernández que mantuvo la misma gama de productos. en ese periodo comienzan a generelizarse poco a poco las bolas de pasta, fruto de los intentos por abaratar sus costes. A lo largo de los años 50 se pierde el rastro de esta empresa. En la actualidad  aunque sin relación con el antiguo comercio, se encuentra allí instalada la Casa del Ámbar.

Parchís Bruguera
Publicidad año 1939

Casa del Ámbar calle San Vicente 21


Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.



miércoles, 19 de marzo de 2014

De la imaginería religiosa al museo de cera. José Ballester Peris, escultor y artista fallero.


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De la imaginería religiosa al museo de cera. José Ballester Peris, escultor y artista fallero.
     Extraído del Blog a fer la mà. José Ballester Peris
 en el taller de imaginería de la calle Salvador

A escasas horas de la cremà, rematamos el especial fallas con la publicación del último artículo de la serie especial de Fallas.

José Ballester Badía
Extraído de la web: actualidadfallera.es

En los años cuarenta del siglo XX José Ballester Badía regentaba un taller de imaginería religiosa, en la calle Salvador, 29. muy cerca de la Catedral, que había heredado de su padre, Antonio, también escultor tallista. José realizó alguna incursión en el mundo de las fallas pero, sobre todo, destacó en su faceta de escultor de imaginería, de la que surtió a diversas iglesias valencianas, como autor de numerosas obras, como, por ejemplo, el San Fulgencio de la localidad alicantina homónima. José falleció en 1967 dejando en manos de su hijo , José Ballester Peris el taller de escultura.

José Ballester Peris había trabajado en el taller desde los 15 años. Incorporado en 1945 había aprendido el oficio de su padre, pero complementó sus conocimientos cursando estudios de Bellas Artes, lo que le sirvió para especializarse no solo en talla, sino también en pintura de escenografías. Conjugaba de esta forma aspectos formativos propios de la tradición artesanal y del mundo del Arte.
José Ballester Peris en el taller fallero
Extraído de la web: actualidadfallera.es

Pronto dirigiría sus pasos hacia le mundo fallero, como pintor para artistas falleros de renombre, entre los que se encontraba el que para muchos es el mejor artista de todos los tiempos, Regino Mas. A ello dedicó buena parte de su labor durante los años 60. En 1968 comenzó su carrera en solitario plantando falla en Sección Especial para la comisión de Fernando el Católico-Ángel Guimerá, comisión con las que repitió en 1969.


Extraído de la web: actualidadfallera.es

Sin embargo José pronto se cansa de las dificultades de logística y almacenamiento que conlleva plantar fallas de Sección Especial´, así pues 1969 es su última aparición en solitario por Sección Especial, aunque colaborará con otros artistas de gran reputación tales como Gimeno, Agulleiro o Villanueva. 

Sin embargo la actividad que le dará fama internacional se desempeña modelando materiales muy diferentes a los propios de la falla. En 1971 la multinacional especializada en proveer a museos de cera de figuras de gran realismo,  Ripley´s it´s believe or not! contrata sus servicios. Sus figuras, de estremecedor realismo, alcanzarán difusión internacional.

José falleció en 2012.

Extraído de la web: actualidadfallera.es

sábado, 15 de marzo de 2014

Revista fallera El Fallero. Editorial Carceller calle Doctor Moliner 3

Revista fallera El Fallero. Editorial Carceller calle Doctor Moliner 3.

El primer Fallero, año 1921

Desde que en 1855 se publicase el llibret de la Plaça del Almodí de Josep Bernat i Baldoví, primer llibret fallero hasta la actualidad, en Valencia se ha desarrollado un género particular y característico de la ciudad conocido como prensa fallera.

Las primeras revistas, no seriadas y publicadas de manera esporádicas, fueron fruto de la inventiva de las comisiones falleras. Así vieron la luz revistas como La araña negra de la falla Maldonado o  La reunió del Trull de la falla Adressadors-Escolano.
Primer llibret de Fallas de la historia

En 1908 aparece la revista que sentará las bases de este género: el semanario Impresiones que incluirá por primera vez los bocetos de todas las fallas. Así el género queda definido por las siguientes características: portada artística, bocetos de todas las fallas y literatura festiva de temas falleros, a menudo de la pluma de destacados autores. Así nace la primera revista fallera de carácter anual fue Pensat i fet , fundada en 1916 y de orientación conservadora.

En el año 1921 Vicent Miquel Carceller funda la revista El fallero. Fue escritor  y destacado militante autonomista y anticlerical que fundó otras publicaciones como La traca, La chala, El cuento del dumenche y Nostre teatre.

El fallero fue impreso por la editorial Carceller  fundada por Vicent en 1909 y que tenía su sede en la calle del Doctor Moliner 3, y que también la tuvo en la plaza de la Reina número 4. Esta editorial se destacó por sus publicaciones de carácter republicano y satírico lo que supuso a su director ser encarcelado en 1912 por satirizar a Alfonso XIII.


El fallero fue una revista cuyo carácter progresista la convirtió una alternativa al Pensat i fet , estaba redactada íntegramente en valenciano aunque sin atenerse a un criterio ortográfico homogéneo por parte de la editorial que dejaba riendo suelta a los autores para que escribieran como mejor les pareciera, frente a un Pensat i fet cuya línea editorial unifica la ortografía de los autores que escribían. Algunos de sus colaboradores fueron Navarro Cabanes, Enric Bohorques y Rodrigo Alamar y sus portadas fueron dibujadas por el prestigioso dibujante Enric Pertegás.



 La revista reflejó en sus páginas temas de actualidad como las transformaciones urbanísticas de Valencia, el proyecto de estatuto de autonomía, la proclamación de la República, el incipiente movimiento feminista, la política municipal ...

A causa de su orientación popular tuvo un rotundo éxito con tiradas medias de 50.000 ejemplares al año, siendo las de las revistas más vendidas de la época y una de las publicaciones falleras más exitosas de todos los tiempos. Su precio osciló entre los 20 y 40 céntimos.



Tomar una postura ideológica comprometida en los anteriores a la Guerra Civil, pasó factura a los principales editores de revistas falleras en Valencia.Así el director del Pensat i 
fet Josep María Esteve Victòria fue asesinado por el bando republicano en 1936 nada mas iniciada la contienda  a causa de su militancia conservadora y católica, mientras que Vicent Miquel y otro colaborador de El fallero fueron ejecutados en Paterna en 1940 a causa de su militancia republicana y anticlerical.

La editorial fue incautada y parte de sus fondos se encuentran en la actualidad en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Enric Pertegás  que además de ser el autor de las portadas de la revista escribía artículos anticlericales firmados bajo seudónimo,  escapó de la represión franquista gracias a la entereza de Vicent Miquel Carceller que se negó a delatarlo.  Pertegás siguió colaborando de forma anónima con otras publicaciones en  los años 40.


Al finalizar la Guerra Civil, la censura franquista impuso una restricción al uso del valenciano en estas publicaciones falleras, que en algunos casos se limitaba a la poesía. En los años 40 la cabecera El fallero a causa de su prestigio fue rescatada por otro editor que nada tenía que ver con el original al ser este último de carácter conservador. Con posterioridad surgió El fallero auténtico que se reivindicaba como el "verdadero continuador de la revista original".

Autores: Gumer Fernández y Enrique Ibáñez.

Bibliografía:

Rueda y Pitarque, O. (2011): Les revistes falleres. Documento en línea (consultado el 13/03/2014)   

Anónimo (2007): Vicent Miquel Carceller y "La traca" en Memoria histórica periódico online. Documento en línea (consultado el 13/03/2014).






















miércoles, 12 de marzo de 2014

Horchaterías de Adrián Alamar. Calle Pi y Margall 47 (actual calle Ruzafa) y Ercilla 13


Horchaterías de Adrián Alamar. Calle Pi y Margall 47 (actual calle Ruzafa) y Ercilla 13


Extraído del blog Valencia  historia gráfica de Juan Soler

Una de las costumbres populares más arraigadas en estas fechas es la degustación de chocolate acompañado de los populares buñuelos de calabaza o de otros productos de masa frita tales como los churros o su variante más gruesa, las “porras”. Proliferan en marzo los puestos ambulantes especializados en la venta de estos productos y las chocolaterías, buñolerías, churrerías u horchaterías (que en Valencia vienen a ofrecer lo mismo) se llenan de clientes dispuestos a disfrutar del ambiente fallero.

Aún no se había cumplido la segunda década del siglo XX cuando Adrián Alamar abrió su horchatería en la calle de Pi y Margall, nombre que había recibido en 1905 la popular calle de Ruzafa, eje que conectaba la ciudad de Valencia con este antiguo pueblo, incorporado a Valencia en 1877. En aquellas fechas el peso comercial de una ciudad en expansión tras la demolición de la muralla, comenzaba a bascular hacia la periferia y los ensanches crecían, ganaban importancia y se convertían en áreas llenas de posibilidades para el comercio.

Horchatería Alamar, calle Ruzafa. Extraída del blog La Valencia desaparecida de A.  Martínez

Si el invierno era época para tomar chocolate caliente acompañado con buñuelos a partir de Fallas y con la llegada de la primavera y del calor la horchata comenzaba a ganar protagonismo para convertirse en el producto estrella del verano. Ya explicamos hace unos meses que los orígenes de la horchata como bebida popular tienen poco que ver con la bebida actual, pero en el siglo XX cuando Alamar abrió sus horchaterías la chufa ya se había alzado con la hegemonía entre las distintas variedades de la bebida. Lo que no había cambiado era la costumbre de abaratar el coste del chocolate sustituyendo parte del cacao por harina de arroz.

Recolección de la chufa

En 1920 la horchatería y chocolatería “Casa Adrián” de Adrián Alamar se encontraba en el número 47 de Pi y Margall (Ruzafa). El negocio prosperó hasta el punto de que Alamar decidió probar suerte y abrir una segunda horchatería en pleno corazón de Valencia, la calle Ercilla, 13, asomada a la popular plaza del Doctor Collado y en una zona fallera por excelencia. Iniciada la II República en 1931, Alamar ya tenía dos horchaterías en marcha..


Buñuelos en la calle Ercilla.

La horchatería de la calle Ercilla, abierta por Alamar, fue adquirida en los años cuarenta por Martín Civera Pérez. Se trata, para los lectores que conozcan la ciudad, de la popular horchatería “Collado” que al momento de escribir estas líneas se encontraba cerrada, aunque vecinos y comerciantes de la zona nos informaron de que el cierre, motivado por las obras en el edificio era temporal, estando su reapertura prevista precisamente para el presente mes de marzo de 2014.

Bajo la dirección de Martín Civera la horchatería del Collado fue testigo del aplastante dominio de la falla del Mercado en la sección especial, ocho veces vencedora de forma consecutiva desde 1943. En 1951 la falla de la plaza del Doctor Collado, plantada justo enfrente de la horchatería rompió esta hegemonía y dos años después ganó nuevamente, compartiendo galardón con Mercado, comisión imbatible por aquellas fechas.


Alamar por su parte mantuvo la histórica horchatería de la calle Ruzafa. Cerró tras su fallecimiento en 1948. La horchatería del Collado, fundada por él, prosiguió su andadura pero esa… será otra historia.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.

domingo, 9 de marzo de 2014

Pirotecnia de José Báguena .Calle Arzobispo Mayoral, 17.


Pirotecnia de José Báguena. Calle Arzobispo Mayoral, 17.


Fotografía de un taller de pirotecnia. Extraído del blog Las mil y una foto

La pirotecnia tiene un papel fundamental en las festividades de la ciudad de Valencia, con especial mención a las Fallas, de las que se convierte en protagonista principal de diversos actos festivos como las populares “mascletaes”, los castillos o las “despertás”. Así en torno a la ciudad se ha creado una industria pirotécnica que ha convertido a la provincia de Valencia en uno de los referentes geográficos del sector a nivel internacional. El riesgo de accidentes ha mantenido los talleres e industrias alejadas de la ciudad, pero dentro de la misma se ha desarrollado un comercio especializado en la venta de artículos pirotécnicos durante todo el año y a un nivel menor, una red de vendedores circunstanciales, por lo general quioscos y similares, que comercializan petardos y otros explosivos y fulminantes recreativos durante las fiestas falleras y las semanas previas a estas.

Membrete de factura

José Báguena abrió su industria pirotécnica en los últimos años de la primera década del siglo XX. En 1908 ya tenia almacén y despacho en la calle Arzobispo Mayoral y allí lo mantuvo siempre a lo largo de su historia aunque la numeración cambió y durante la guerra esta fue conocida como calle de Juan Soto. Las leyes, bastante más permisivas en el pasado, hacían posible que tal negocio almacenase pólvora en una zona tan céntrica de la ciudad aunque por si acaso la fábrica de Báguena no se encontraba allí, sino en la carretera de Paterna, dentro del término de la pedanía de Benimàmet, debidamente alejada de Valencia.
Báguena no contaba en término de Valencia con gran competencia. En 1920 tan solo las casas Báguena y  Picó contaban con sede comercial en término de la ciudad. Los riesgos de la actividad impulsaban a los fabricantes a establecerse en zonas rurales con baja densidad de ocupación y suelo económico a cierta distancia de la población, lo que los alejaba de la ciudad y empujaba a las pirotecnias a instalarse fuera del municipio.

Ni la población en general, ni mucho menos los políticos eran ajenos a los riesgos que los productos inflamables conllevan. Cuando los Moroder abrieron su fábrica de fósforos, el debate sobre el riesgo de este producto hoy cotidiano pero entonces novedoso, llegó a la prensa, con columnas de opinión poco tranquilizadoras ¡y eso que la fábrica estaba en Alfara del Patriarca!.

Publicidad de guía comercial

Los accidentes, frecuentes aún hoy en día pese a las medidas de seguridad, sucedían y a menudo con dramáticas consecuencias. Báguena no se libró de ellos, el 6 de mayo de 1922 tres operarios manipulaban compuestos explosivos en las dependencias de la fábrica, es posible que uno de ellos golpease un compuesto poco estable o detonante por percusión lo que originó una secuencia de tres explosiones que redujo a ruinas parte de las instalaciones acabando con la vida de los operarios Amparo Flor, Vicente Camps y Filomena, joven de 19 años que llevaba pocos días trabajando en la empresa. Tras la primera explosión se desató un incendio que provocó la segunda y tercera deflagración mientras el resto de empleados, bastantes de ellos con heridas leves, huía de la fábrica y cundía la alarma en Benimàmet. Algunos de estos operarios se sobrepusieron al pánico para volver sobre sus pasos y realizar sin éxito un desesperado intento de auxilio a sus compañeros atrapados entre los escombros y el fuego.

En 1927 el monopolio estatal sobre la pólvora, establecido por el ministro de Hacienda Navarro Reverter treinta años antes, fue derogado. En Valencia el concesionario de este monopolio en representación del estado era, tal y como vimos hace unos meses, el armero Julio Navarro (armería Pablo Navarro de la calle de San Vicente). La liberalización del mercado y la vuelta de la competencia en el sector hubo de beneficiar en cierta medida a los polvoristas y pirotécnicos como Báguena aunque el respiro duraría poco, pues el estallido de la Guerra Civil convirtió en estratégicas y vitales a las industrias relacionadas con la manipulación de explosivos, lo que las convirtió en objeto preferente de las colectivizaciones.

Membrete de factura

Acabada la guerra la pirotecnia de José Báguena fue capaz de sortear las dificultades y prosperar al punto de proclamarse sin el menor recato como “la más importante de la provincia”. Vendía género a todo el país y a los productos más habituales en Valencia tales como la traca, el “masclet” (explosivo recreativo de alta potencia) o el “tro de bac” (explosivo recreativo detonante por percusión) añadía otros de nombres sugerentes  como “alfileres bailarines”,  “boletas”, “guitarras de matraca” o  “loritos” entre otros muchos. Tales nombres responderían a productos de uso infantil, volantes, fulminantes de color o petardos de baja potencia, con precios que oscilaban entre las 2.25 y las 5 pesetas la unidad.

Albarán con algunos de sus productos

Tras la guerra ejercía la gerencia José Báguena hijo y a principios de las años cuarenta la empresa pasó a ser denominada “Viuda de José Báguena”, por fallecimiento de su fundador. Mantuvo, con José Báguena hijo al frente una notable actividad comercial durante toda la década. Sin embargo en la década siguiente la razón social desaparece de la ciudad. Su histórica delegación comercial fue ocupada por el fabricante de sellos de caucho Virgilio Alepuz.

Autores: Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López

De los textos: