lunes, 26 de mayo de 2014

Fábrica de muebles curvados de Ventura Feliu. Calle San Vicente 302.

Fábrica de muebles curvados de Ventura Feliu. Calle San Vicente 302.

Fábrica años 20
La fabricación de muebles en Valencia que tiene gran tradición en nuestra ciudad, experimenta una crisis económica a partir de 1896  agravada por la pérdida de las colonias españolas en 1898 que representaban los principales mercados para la exportación de muebles de lujo. Por esta razón a partir de esa fecha la industria valenciana del mueble orienta sus exportaciones de muebles al resto de Europa. En 1892 existían cuatro fábricas de muebles en Valencia: la de Fernando Gómez (calle Ruzafa), la de Simón Marcos (calle Carlos Cervera), la de Acacio Miquel ( en calle Gracia) y la de Luis Suay en la calle Guillem de Castro quien se hizo célebre por sus sillas con asientos de rejilla copiando la patente original de la casa Kohn.
Catálogo de la empresa año 1924.
Ventura Feliu presumía haber fundado su empresa en 1879, según su propia publicidad, aunque no tenemos constancia según las guías consultadas hasta 1892, y no como fábrica, sino como ebanistería en la calle Troya 6. Además ese año tenía una almacén de camas en la calle Barcas número de 10 y otra de muebles de lujo en la plaza Lope de Vega número 2.

Sección de curvados.
Probablemente abre su fábrica un año después en la calle San Vicente y a principios de los años diez la trasladó a su ubicación definitiva en el 302 de la calle de San Vicente donde anteriormente había instalado su almacén de muebles de lujo. A principios del siglo XX, también abre en esa misma calle una ebanistería en el  número 79.

Ventura Feliu fue vicepresidente 2º del comité organizador del la Exposición Regional de 1909, venía avalado por su exitosa trayectoria en otras exposiciones internacionales ganando la medalla de oro  en París y Londres (1904) y Florencia (1905) y diploma de honor en Florencia (1905).

Plano de la fábrica. Plano catastral 1929-1944. Fuente: Remember Valencia II, post 6202.
Ventura representa un sector clave en la industria valenciana que en 1909 daba trabajo a 10.000 obreros en la ciudad y contó con 58 expositores en la Exposición Regional. Esta industria tenía su epicentro en valencia y alrededores  y que contaba con un segundo cinturón de industrialización que comprendía localidades próximas a Valencia como Alzira, Gandía o Tavernes de la Valldigna.


Familia Feliu en película publicitaria. Editorial cinematográfica Trilla.

Esta fábrica de muebles curvados daba trabajo a más de 500 operarios  la mitad de los cuales eran mujeres encargadas del pesado proceso de pulimentar muebles , fábrica que a principios de siglo fue mecanizada con un motor de 80 caballos de vapor , fenómeno que se desarrolló  en todo el sector.





Ejemplo de muebles de lujo.

Ejemplo de muebles curvados.

Estaba especializada la fábrica en el tradicional mueble curvado valenciano, ofreciendo también muebles de lujo y tapizados artístico orientados a una clase burguesa de alto nivel adquisitivo. La empresa se publicitaba diciendo que: "nuestros almacenes  nunca se llenan porque todo cuanto se construye sale diariamente a otras regiones de España y del extranjero". Tenía de hecho depósitos en Madrid, Barcelona, Zaragoza y Bilbao.

Casa Feliu actualmente. Parque de Atillería. Calle San Vicente.
A finales de la década de los diez del siglo XX, la empresa pasa a sus hijos que la mantuvieron hasta los años cuarenta. Durante la postguerra su lugar  que ocupado por otras fábricas de muebles. La empresa ha dejado huella en el callejero de Valencia existiendo junto al lugar que ocupó un pasaje que aún lleva su nombre: Pasaje de Ventura Feliu.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.

















jueves, 22 de mayo de 2014

Paraguas Vizcaíno. Calle Barcelonina, 4

Paraguas Vizcaíno. Calle Barcelonina, 4


Cartel publicitario del comercio.
A poco de iniciarse la década de los años veinte abre sus puertas en Valencia la tienda y fábrica de paraguas "F. Vizcaino", propiedad de Fernando Vizcaíno Iñigo, su fundador y que ha pasado a la posteridad no solo por la marca de paraguas que resguardó a los valencianos de la lluvia durante cuatro décadas sino por ser además, padre del abogado, escritor e intelectual Fernando Vizcaíno Casas, fallecido en el año 2003.

Tarjeta comercial
En 1920 vemos ya abierta su tienda de la plaza de Emilio Castelar (plaza del Ayuntamiento) donde atendía en los números 1 al 8. En su trastienda además, realizaba remiendos y composturas de paraguas. Eran tiempos en los que arreglar las cosas seguía saliendo a cuenta, y quien compraba un paraguas lo hacía con ánimo de que le durase toda la vida, por lo que salvo que los daños sufridos fuesen irreparables, estos instrumentos pasaban a menudo por el taller.

Cabecera de factura
En pocos años se hizo necesario ampliar el taller por lo que el negocio se desdobló: tienda de venta al por menor por un lado y fábrica / taller por otro, pues Vizcaíno da el salto a la fabricación de paraguas, al punto de que su marca "F. Vizcaino" y el elefante que le servía de logotipo pronto se convirtieron en referencia y sinónimo de distinción y calidad. Competía con varias empresas locales entre las que destacaba la de Arturo Carbonell y Requena, pero también con otras foráneas, como la barcelonesa fábrica de paraguas de Pío Rubert Laporta.

Caja de sombrilla
Varias fueron las sedes de la tienda que pasó por las calles y plazas de Emilio Castelar, Barcelonina y Hermanas Chabás. La fábrica  pasó por Pi y Margall (Ruzafa) y ya en los años cuarenta en la calle Hernán Cortes, a la vista de la comercial calle Colón. Además de paraguas Vizcaíno vendía también bolsos, carteras y otros complementos.


Anuncio publicitario para radio (audición)

Pero sí algo ha hecho a esta firma merecedora de la inmortalidad no son tanto las cuatro décadas durante las que contribuyó a evitar a los valencianos los rigores de las gotas frías y las tormentas otoñales sino la pegadiza y exitosa mazurca, compuesta como cuña radiofónica y cuya pegadiza melodía constituyó en 1934 un sensacional éxito de marketing para la firma. La campaña publicitaria fue idea de la agencia de publicidad IDEAS EYA, con letra de Enrique Yuste y música de B. Monterde y tuvo tal alcance que, saltando de la radio para la cual estaba pensada, fue reproducida en disco y su partitura, impresa y comercializada para permitir que orquestinas y compañías musicales la incorporasen a su repertorio.
Partitura de la Mazurka "los paraguas Vizcaino".
A falta de relevo generacional (pues Fernando, hijo de Federico, se dedicaba con gran éxito a otros menesteres) los paraguas Vizcaíno "señora, lo más fuerte y lo más fino" nos dejaron para siempre en 1966.

Pequeño espejo publicitario
Autores: Gumer Fernández y Enrique Ibáñez.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Agencia funeraria La Soledad de Mariano Prats. Calle Avellanas,20

Agencia funeraria La Soledad de Mariano Prats. Calle Avellanas,20


Colección Enrique Ibáñez.
En la nueva era del siglo XX, Mariano Prats abrió su agencia funeraria en la calle Carmen 1 del Grao, aprovechando la vecindad de una empresa de coches fúnebres que tenía su sede en el número 3 de la misma calle, ya que el negocio de la funeraria tenía dos ramas; una que se dedicaba a la gestión del sepelio y tratamiento del difunto, y una segunda que se dedicaba al alquiler y mantenimiento de carrozas fúnebres.


En 1905 Mariano Prats ya se ha trasladado a Valencia  y abre despacho funerario en la calle Avellanas número 20. En 1910 junto a otros socios funda Prats Vila Crú y Compañía, empresa de coches fúnebres ubicada la calle Játiva letra B y establece los talleres para su mantenimiento en la calle Cabillers número 11. Como era necesario tener un local grande para guardar las carrozas y el mantinimiento era caro pues debían estar impecables, era necesaria la asociación de varios funerarios los que les permitía demás no tener que alquilar las carrozas a terceros. Aparte de Prats que mantenía su despacho en la calle Avellanas, 20  otro de los socios Vicente Crú tenía agencia funeraria en la plaza de la Almoina número 5.


Aunque el uso de carrozas funerarias se remonta a la Inglaterra del siglo XVI como antecedente más remoto, la costumbre se populariza en el  Londres de la época victoriana. El nivel económico y social del difunto determinaba el tipo de pompas fúnebres que se le dispensaba. 

* Las autoridades y algunos miembros de la alta sociedad eran transportados en carrozas tiradas por más de seis caballos, acompañado cada caballo por un paje vestido de negro.

* Sepelio de primera clase. Se trataba de una carroza de lujo tirada por seis caballos negros.

* Sepelio de segunda clase. La carroza era tirada por dos o cuatro caballos.

*Sepelio de tercera clase. Una carroza más austera tirada por un único caballo.

* Los pobres de solemnidad eran transportados en un sencillo carro.

La costumbre imponía que en caso de que el difunto fuese un niño o una doncella el carruaje fuese de color blanco.
Listado de precios año 1912, procedente de factura.

Los servicios que ofrecía Mariano Prats eran: traslados y embalsamamiento de cadáveres, hábitos de todas las órdenes religiosas, mortajas, camas imperiales y túmulos, colgaduras de luto, esquelas y recordatorios, féretros en metal y maderas fabricados por él mismo, cera y hachas (vela de cuatro pábilos) para acompañamientos; exposición permanente de pensamientos, coronas, cintas y dedicatorias y por supuesto carruajes blancos y negros. Atendía por teléfono número 549 tanto dentro como fuera de la ciudad de Valencia.

A finales de los años 10 dejó en negocio y en esas fechas abrió en la calle Avellanas la Agencia Valenciana de Pompas Fúnebres S.A. en el número 21.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.



martes, 6 de mayo de 2014

Fábrica de aceite de cacahuete de Bautista Alfonso Montesinos. Barrio de Marchalenes de Valencia.

Fábrica de aceite de cacahuete de Bautista Alfonso Montesinos. Parque de Marchalenes.

Fábrica en estado de abandono en la actualidad
En 1798 Francisco Fabián y Fuero encargó que le trajesen muestras de un fruto sudamericano, el cacahuete, con las que esperaba enriquecer la colección del jardín botánico de Puzol. El responsable de cumplir el encargo fue el canónigo Francisco Tabares de Ulloa, que de esta forma se convertiría en el introductor del cacahuete en la Península Ibérica. Pocos años después, en 1800 Tabares escribió el primer tratado español sobre dicho fruto.


La especie, desconocida en la Península Ibérica pronto despertó interés. Ese mismo año 1798 se experimentó para obtener chocolate a base de cacahuetes tostados, resultando que el producto final no se solidificaba a causa de su riqueza en grasas, a la vista de lo cual se encomendó a un boticario de la ciudad que tratase de extraer aceite, tomando para ello otra parte de la escasa mercancía de cacahuetes disponible. El boticario empleó para lograr tal fin el mismo procedimiento que por entonces se empleaba para obtener aceite de almendra y que consistía en triturar manualmente los cacahuetes en un almirez, recoger la pasta en un tamiz y prensarla en una prensa manual. El aceite resultante fue probado como combustible para iluminación, con resultados satisfactorios pues producía una llama viva, sin humos. Comprobado su utilidad como combustible, muy necesario en unas fechas en que la escasa  iluminación urbana empleaba el aceite como combustible principal, se procedió a experimentar con sus usos culinarios; una tortilla fue el primer plato cocinado con aceite de cacahuete y las pruebas fueron tan satisfactorias que solo un año después, en enero de 1799 la Sociedad Económica de Amigos del País ofreció un premio de 400 reales a la persona que fuese capaz de cultivar y obtener la mayor cosecha de cacahuete.

Durante el siglo XVIII la familia Montesinos había vivido en la zona de Marchalenes, cultivando en calidad de arrendataria, las propiedades que en la huerta tenían los Boil, familia noble con extensas propiedades rurales en el entorno de Valencia.




Tarjeta postal años veinte

Aprovechando la decadencia de la nobleza valenciana Bautista Montesinos Rodrigo se hizo en la segunda mitad del siglo XIX con la propiedad de la alquería hoy conocida como “de Barrinto”· y de las extensas huertas de su entorno en la que se estableció la familia. En eso años la familia Montesinos y la familia Alfonso emparentaron a través del matrimonio de una hija de los primeros con Salvador Alfonso. Hacia 1870 Salvador Alfonso Rubio, tomó las riendas de la explotación. El matrimonio daría  origen a una saga de agricultores e industriales de Marchalenes: los Alfonso.

Entretanto el cacahuete, se extendía por todo el país como resultado de las muestras que Fabián y Fuero remitía en su correspondencia a otros eclesiásticos. Pronto se convertiría en una plantación habitual en la huerta valenciana hasta el extremo de que el puerto de Valencia habría de canalizar los excedentes con destino a la exportación. La rentabilidad del fruto y sus múltiples usos estimulaban el cultivo y también la aparición de molinos destinados a la extracción del preciado aceite.
Alquería de Barrinto en el parque de Marchalenes
La explotación de las tierras, la venta de salvados en un almacén situado en el camino de Barcelona y una explotación de ganado porcino, se convirtieron en las actividades económicas principales de los Alfonso durante los primeros años del s. XX. En 1915 la familia proyectó la construcción de una casa aneja a la alquería “del tío Barrinto” a la que se trasladarían poco después y en 1916 la construcción de una fábrica de aceite de cacahuete para dar salida a su propia producción y a la de otros agricultores de la zona.
Fábrica de aceites en la actualidad. Parque de Marchalenes
Ubicación de la fábrica de aceites de los Alfonso.
AHMV, Foment, Eixample, caixa 3, exp. 15, 1916

Se trataba de un molino a vapor, tal y como denota su chimenea, no de un mero molino hidráulico, tecnología que ya se encontraba plenamente extendida en el siglo XX y que requería de un suministro de agua constante para alimentar la caldera, para lo cual los Alfonso aprovecharon la presencia de la acequia que regaba sus propias tierras.

Maquinaria para equipar un molino de vapor

La situación tomó un giro inesperado durante la dictadura de Primo de Rivera. Espoleado por la presión de los grandes productores de aceituna, que venían instando al gobierno a adoptar medidas proteccionistas desde la celebración del Congreso Nacional del Aceite de 1924, este estableció por Real Decreto de 8 de junio de 1926 la prohibición de importar semillas y frutos oleaginosos. Adaptándose a los nuevos tiempos la fábrica de Bautista se reconvirtió a partir de 1930 en almazara de aceite de oliva del que abastecía al vecindario, a comercios locales y a entidades oficiales.
ABC 27 enero 1945

 Bautista no abandonó otros negocios como el de venta de salvados, actividad que en 1945 realizaba desde la propia Lonja de Valencia, en la que tenía asignada la mesa 98. En los años 40 las dependencias de su fábrica se empleaban también como depósito estatal de aceite de girasol.

Uno de los puntos del acuerdo para exigir la protección de la industria aceitera española adoptado por la Conferencia Nacional del Aceite de 1924

La fábrica se mantuvo hasta 1998, y a ella acudía el vecindario del barrio a adquirir aceite a precios económicos. Ese año fue expropiada para iniciar las obras del proyectado parque de Marchalenes. Se habló de dedicar sus instalaciones a usos socioculturales o incluso de aprovechar su maquinaria para convertirla en museo del aceite. Nada se hizo sin embargo, pese a las promesas grandilocuentes y el edificio, lleno de vida y actividad hasta hacía pocos años, se degradó hasta ser pasto de las llamas el 26 de marzo de 2006, ocho años después de una expropiación que vino seguida de dejadez, abandono y promesas incumplidas. Hoy es una ruina calcinada para la que los vecinos piden solución, ya sea esta el derribo de la ruina o el cumplimiento de lo prometido. La histórica aceitera de la familia Alfonso corrió mejor suerte: instalada tras la expropiación en el polígono industrial El Bovalar es hoy la empresa Olysol, productora de aceites vegetales, biológicos y aromáticos que exporta a paises como EE.UU o Japón, entre otros. 

Alquería y fábrica de aceites al inicio de las obras del
parque de Marchalenes. Fuente: valencia.es

BIBLIOGRAFÍA

Azkoytia, C. (s/f); Historia del cacahuate, cacahuete o maní en España. Documento en linea, consultado el 5-5-2014 a las 21:30.

Mangue Alférez, I. (1999); Marxalenes: de alquería islámica a barrio de la ciudad de Valencia. Ayuntamiento de Valencia, Valencia.

Martínez Gallego, F.A. (1995); Desarrollo y crecimiento: la industrialización valenciana (1834-1914). Generalitat Valenciana, Valencia.

Tabares de Ulloa, F. (1800) Observaciones prácticas sobre el cacahuete o maní de América: su produccion (sic) en España, bondad de su fruto, y sus varios usos, particularmente para la extraccion (sic) de aceite; modo de cultivarle y beneficiarle para bien de la nacion (sic). Imprenta Joseph de Orga, Valencia.

Autores: Enrique Ibáñez López y Gumer Fernández Serrano.

jueves, 1 de mayo de 2014

Usos industriales y comerciales del Colegio del arte Mayor de la Seda entre 1900 y 1950.

Usos industriales y comerciales del Colegio del Arte Mayor de la Seda  entre 1900 y 1950. Calle Hospital 
Fotografía del Colegio años 50.

La manufactura de la seda había sido fundamental para la economía valenciana, pero tras alcanzar su apogeo durante el siglo XVIII, un siglo despues entraría en irreversible decadencia.

Una serie de circunstancias en rápida sucesión golpearon a la sedería valenciana tradicional desde los inicios del siglo XIX: la primera de ellas, fue la Guerra de Independencia, periodo durante el cual, las Cortes de Cádiz dieron el primer paso hacia el desmantelamiento del régimen gremial al promulgar en 1813 el Decreto de Libertad de Comercio, que abolía el rígido control gremial y ponía las bases para la liberalización de las actividades económicas. Poco después, la independencia de las colonias americanas privó a la sedería de un mercado cautivo hasta entonces, pues la legislación proteccionista reservaba a los territorios españoles el derecho exclusivo al comercio con América. Aunque la mecanización propició el desarrollo de las actividades sederas durante el primer periodo de expansión europea del capitalismo, que se prolongó hasta mediados del s. XIX, esta expansión tendrá carácter industrial y acabará por arrinconar a las manufacturas artesanales.

El gremio de Velluters (sederos) de Valencia fue fundado en el siglo XV y tuvo su epicentro en el Colegio del Arte Mayor de la seda, establecido en un edificio gótico pero completamente reformado en los siglos XVII-XVIII, coincidiendo con el momento de mayor esplendor de la sedería artesanal. La decadencia de la sedería artesanal fue también la de su gremio y con ella la de su sede. En las siguientes líneas esbozamos una parte de la historia de esa decadencia: la reutilización de parte de las instalaciones del Colegio del Arte Mayor de la seda como espacio para el desarrollo de actividades industriales que nada tenían que ver con la seda.

Hasta principios del siglo XX no hay noticias sobre el uso del Colegio del Arte Mayor de la Seda como sede de industrias o actividades ajenas a ese sector, situación que va a cambiar a principios del siglo XX.

En 1900 el Colegio ocupaba el número 13 de la calle del Hospital. Allí se encontraban también las oficinas del administrador del arbitrio de carnes y en el nº 13, la panadería Horno de los Inválidos. Nada anormal por tanto hasta la primera década del siglo XX, pero hacia 1910 una actividad molesta, poco higiénica y nos atrevemos a juzgar, nada decorosa con la histórica institución, se va a instalar: el almacén de guano de Galán y Adelantado. Para aquellos lectores que lo ignoren aclararemos que el guano es un abono orgánico que tiene su origen en los excrementos de aves que anidan en los islotes costeros del pacífico oriental, próximos a la costa de Sudamérica. Aunque dicho así pueda parecer un producto de poca valía, estos excrementos, desecados en las condiciones de calor, humedad y salinidad de la región en que se produce tienen un enorme poder fertilizante por lo que a partir de la segunda mitad del siglo XIX fue objeto de un activo comercio y también de las ambiciones imperialistas europeas, que propiciaron expediciones militares como la confusa expedición española que en 1863 conquistaría y retendría por unos años las islas Chincha, en Perú, cubiertas por el apreciado guano.

Islas chincha en un grabado de la segunda mitad del s. XIX. Fondeada se observa la flota guanera.
Afortunadamente, por valioso que fuese el guano, la situación no se prolongó demasiado pues poco después de 1911 el almacén ha desaparecido, sin que lo sustituya otra actividad. En esos años el Colegio acoge las oficinas del administrador del arbitrio de carnes y por supuesto, allí, en el nº 13 de la calle sigue el Horno de los Inválidos.
Sin embargo en la segunda mitad de esa década de los años 10 se instala en el Colegio una actividad industrial: el taller y fábrica de joyería de Francisco Carbonell Gisbert.
Taller y fábrica de joyería de Francisco Carbonell Gisbert dentro del Colegio Mayor de la Seda. Colección E. Ibáñez

El taller de Carbonell ofrecía en venta directa descuentos del 25% sobre el precio final. Trabajaban sobre los modelos de su propio catálogo-muestrario, admitiendo encargos y realizando también composturas y reparaciones. A medio camino entre la fábrica y el taller de orfebrería, trabajaban en ella más de veinte empleados, entre los que se contaban algunos niños pues, aunque contaba con herramientas complejas, el factor humano era esencial para el desarrollo de la actividad y la mecanización era limitada y supeditada al control de personal preparado.

Publicidad del taller y fábrica de joyería. Semana Gráfica año 1927.
En estos años, justo al lado de la fábrica de joyería, el Horno de los Inválidos era propiedad de Vicente Fort.

En la segunda década del siglo XX la calle Hospital cambió de numeración, quedando el Colegio en el número 11. A principios de la II República pocas cosas habían cambiado excepto el propietario del horno, ahora Emilio Gómez y que en las dependencias del Colegio se encontraba la sede de Fomento de la Sericicultura Valenciana, que había estado en fechas anteriores en la calle del Instituto Candela, encontrando en el Colegio un emplazamiento más adecuado para una sociedad dedicada a la promoción de la industria de la seda. Allí seguía también, por supuesto, la fábrica de joyas de Carbonell.

Memebrete de la institución Fomento de la Sericicultura. Fuente: archivo de la Real Sociedad Económica de Amigos del Pais. C. 300, leg. 1

Tras la guerra y hasta el final del periodo que estudiamos en este artículo se produjeron algunos cambios. La fábrica de joyería dejó sitio a la fábrica de gorras de Andrés Gómez Sedano mientras que el horno pasó a manos de Francisco Puchol, la situación se prolongó hasta bien entrada la segunda mitad del siglo.

Autores: Gumer Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López.