miércoles, 29 de octubre de 2014

Ultramarinos de La Barcelonesa Ramón Bruño. Calle del Mar 1

Ultramarinos de La Barcelonesa de Ramón Bruñó. Calle del Mar 14

Fuente: Todocolección
Ya hemos visto en este blog algunos comercios dedicados a la venta de  productos de ultramarinos y alimentación. Si hay un negocio que más se prodigó en la ciudad es éste, tanto en el centro de la ciudad como en la periferia, ya que suministraba alimentos tanto producto fresco o enlatado, así como comestibles y bebidas alcohólicas.

Curiosamente la proporción de ultramarinos y licorerías era mucho mayor que carnicerías y pescaderías. No todo el mundo se podía permitir comer carne todos los días pero el alcohol mitigaba ese hambre engañando al estómago de la inmensa mayoría de la población.

La tienda de ultramarinos de Ramón Bruñó se abre en la calle del Mar número 14 en la última década del siglo XIX, cuando aún no habían muchos establecimientos de este tipo en Valencia. Al ser la calle del Mar un lugar de concentración burguesa se podía expender todo tipo de alimentos nacionales e importados de las Colonias de Ultramar. Así Ramón vendía chocolates, galletas, azúcar, tapiocas, cafés y tes. Como tienda un tanto elitista también tenía su sección de embutidos , jamones y queso, un alimento prohibitivo para la mayoritaria clase obrera, incluso para la clase media más modesta. Este comercio se especializaba en las pastas catalanas, de ahí su apelativo de La Barcelonesa.



En este ultramarinos  se publicitaba de una manera destacada las bebidas alcohólicas que se reproducía en forma de publicidad a todo color en las propias facturas emitidas por Ramón Bruñó. De una forma artística y a tintas de varios colores se insertaban verdaderos anuncios publicitarios en facturas desplegables a dos caras dos bebidas de origen francés:

* El licor Benedictine, según receta del monasterio benedictino francés de Fécamp que data de 1510, aunque recuperó la fórmula el licorero Alexandre Legrand (que había perdido a causa de la Revolución Francesa) y volvió a producir el licor a partir de 1863. Es una bebida alcohólica  consistente en coñac y brandy, macerado por separado por todo tipo de flores, hierbas aromáticas  y especias según una tradición secreta (o al menos eso dice la leyenda) que tantos réditos publicitarios aporta al licor en cuestión, que con posterioridad se macera y se fermenta durante un período de 40 a 60 días.

* El Ron Negrita creado por el licorero francés procedente de Limoges Paul Bardinet a partir de 1857, consistente en la destilación de la caña de azúcar por fermentación y destilación y envejecido en barrica de roble.

Ramón estuvo a cargo de la tienda hasta los años veinte del siglo pasado, cambiando la numeración del local al número 14 a partir de aproximadamente el año 1914.


Le sucedió Vicente Alarcón "Sucesor de Ramón Bruñó" manteniendo en nombre de Ultramarinos La Barcelonesa  quien siguió sus pasos y mantuvo la tienda abierta hasta los años sesenta, casi cuarenta años al frente del negocio, manteniendo la publicidad de licores en sus facturas al igual que su antecesor.

Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.


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jueves, 23 de octubre de 2014


Relojería de José Calduch. Plaza del Doctor Collado nº 5.

Relojería de José Calduch. Plaza del Doctor Collado nº 5.


 Lo más característico de la Plaza del Doctor Collado es el letrero de la tienda de telas metálicas "Hija de Blas Luna" y el reloj de la Relojería Calduch.

El antecedente relojero de esta familia se remonta al siglo XVIII con Don Manuel de Zerella e Ycoaga, relojero de la Casa Real  con el rey Fernando VI, quien en el año 1789 realizó su "Tratado general y matemático de reloxería que comprende el módo de hacer reloxes de todas clases, y el de saberlos componer y arreglar por difíciles que séan", aprendiendo su oficio en Ginebra (Suiza). Manuel de Zerella era el bisabuelo del último propietario de la pequeña relojería de la plaza del Doctor Collado: José Calduch Peraire.


  José Calduch Rovira, aprendiz de la relojería de José Alcañiz, situado en la plaza de San Jaime número 5, se independiza en los primeros años del siglo XX y se establece en el lugar donde estaba situado la peluquería de Luis Gay , tras dejar los tres primeros cursos de Medicina. Como seña de su comercio  José compró a un tal Mustieles que tenía un comercio en la calle de San Vicente esquina a Cerrajeros el enorme reloj enmarcado en madera y que se conserva en la actualidad, como cita María Ángeles Arazo en su libro La vieja Valencia Mercantil y Artesana (1981).

Viaja por toda Europa y conoce las máquinas de filmación de cine. Así en el año 1921 se trae el exclusiva la comercialización de la cámara de cine marca Phebus de Marsella o posteriormente de la marca alemana Krupp y es en la década de los años treinta del siglo XX cuando se publicita como relojero y aparatos cinematográficos.
cámara de proyección Phebus
En los años cuarenta le sucedió su hijo José Calduch Peraire (1906-2000)  que siguió con la relojería hasta los años ochenta, estando en activo  pasando los 75 años de edad. Justo a su lado tenía su taller de productos cinematográficos su hermano Francisco Calduch, que siguó con la senda emprendida por su padre.

La familia Calduch vivía encima de la relojería, ya que su vivienda no tenía entrada independiente (como muchas viviendas del barrio del Mercado), y tenían que acceder por el comercio. Tras el cierre de la relojería el local fue ocupado por la numismática  La Lonja, cartel que aún se puede ver.

Autores Enrique Ibáñez y Gumer Fernández


lunes, 20 de octubre de 2014

Ebanistería y tapicería de Vicente Llopis. Calle Caballeros 24

Ebanistería y tapicería de Vicente Llopis. Calle Caballeros 24

Anuncio comercial año 1892
En la segunda mitad del siglo XIX la ebanistería en Valencia sufre un auge debido a la creación de una clase media acomodada que empieza a establecerse en los ensanches nobles de Valencia y requiere el trabajo artesanal y artístico, tanto en trabajo de carpintería, puertas nobles de patios y puertas de entrada a viviendas como muebles artísticos de lujo, así como de elementos elitistas como la fabricación de mesas de billar. El estilo decorativo predominante a finales del siglo XIX fue el Modernismo que por su especial diseño se dedicaron ebanistas especializados en muebles curvos, como es el caso de Luis Suay, entre otros.
Puerta de ensanche noble de Valencia
Este crecimiento económico del sector hace que muchos ebanistas se conviertan en capitalistas, apoyado un por socio que aporta el dinero a cambio de un préstamo con interés para la inversión de maquinaria, construcción de nuevas fábricas de mayor tamaño, y que daban trabajo a un número mayor de trabajadores. El caso de Vicente LLopis es el ejemplo de ebanista y tapicero que logró una mayor trayectoria en el tiempo, pero otros ebanistas de su ramo fracasaron y presentaron bancarrotas en este intento de expansión comercial. Para ver esta evolución del número de ebanistas en Valencia damos algunos datos:

Ebanistas:                                        
En 1892 hay 37 ebanistas.                
En 1897 hay 52 ebanistas.                
En 1912 hay 108 ebanistas.              
En 1931 hay  78 ebanistas                

Muebles:                                                                                                              
En 1897 hay 37 fabricantes
En 1912 hay 38 fabricantes
En 1938 hay 24 fabricantes

Fuente (Jordá,1986)

De estos datos se puede inferir el auge del sector de ebanistas sobrepasaba en volumen y en número a los fabricantes de muebles. Otros grandes ebanistas artesanos en los albores del siglo XX fueron Manuel y Vicente Balaguer, Carmelo González, José Morate o José Tena.


Interior de la exposición en la calle Concordia. Fuente: Remenber Valencia
Vicente Llopis tenía la doble condición de ebanista y tapicero. Inició su andadura en el siglo XIX y en el año 1879 estaba ubicado en la calle Caballeros número 24. Es aquí donde tenía su depósito y era la sede del cental de su negocio, mientras que en la calle Ángel número 3 tenía su taller (al menos desde 1892). También tenía dependencias en la calle Frígola número 4. Con posterioridad a los años treinta del siglo XX también tuvo sede en la calle Concordia  número 33.  Esta ebanistería y fábrica de muebles pervivió hasta los años cuarenta o cincuenta del siglo XX. A pesar de que la empresa la fundara Vicente Llopis Roig, y siguiera su hijo Vicente Llopis Martí la denominación del negocio siempre se denominó Ebanistería Vicente LLopis.

Se especializaba en la construcción de muebles de lujo, colocación de cortinajes y construcción de mesas de billar; un producto bastante elitista a pesar de su publicidad donde señalaba que las construía a precios económicos.
Grabado de mesa de billar en vivienda particular. Año 1869
Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.







jueves, 16 de octubre de 2014

BOMBAS GENS. AVENIDA DE BURJASSOT 54 Y 56

BOMBAS GENS. AVENIDA DE BURJASSOT 54 Y 56

En las últimas décadas varias joyas del patrimonio industrial urbano de Valencia han sido noticia en los medios a causa de su deterioro, abandono y ruina. Entre ellas y de forma recurrente aparece la fábrica de Bombas Gens, nacida de la mesa de diseño del arquitecto Cayetano Borso di Carminati y construida en medio de la huerta en 1930.

Bombas Gens. Autor: Joanbanjo para es.wikipedia.org

Sin embargo y cuando a principios de la convulsa década de los 30 la empresa se instaló en su flamante nueva sede los Gens llevaban a cuestas ya un siglo de actividad fabril en la ciudad de Valencia.

Batasar Gens Pons nació en 1800. En 1835 instaló una fundición en la calle Sagunto dando inicio a una trayectoria empresarial que se prolongó hasta el inicio de los años 90 del siglo XX. Fueron sus hijos Baltasar y Dolores Gens Alfonso quienes dieron continuidad al negocio: primero Baltasar en la propia calle Sagunto que en la última década del s. XIX se ampliaría con una segunda fundición regentada en sociedad por los hermanos Gens en la calle "Orilla del Río" número 18.

A principios del siglo XX el negocio se dividió quedando el taller original de la calle Sagunto bajo gerencia de la sociedad "Salvador Gens y Sobrinos" en tanto el segundo, ahora con dirección en la calle Duque, pasaba a Eduardo Gens. Algo había cambiado en el negocio pues ambas no eran ya meras fundiciones sino que comenzaban a especializarse como talleres de maquinaria. Eduardo además se había especializado en la producción de bujes para carros.



La entrada de un nuevo socio, Rafael Dalli dio lugar a que el taller de Eduardo pasase a ser gestionado a artir de 1914 por la sociedad "Gens y Dalli" derivando en la producción de maquinaria agrícola y de las bombas de presión que harían célebre a la empresa en décadas posteriores. El taller de Salvador, ya en manos de sus hijos mantendría por esas fechas sus actividades habituales. Mientras el taller de Salvador seguía su camino el de Eduardo andaba lanzado hacia el éxito registrando su marca estrella "GEYDA", acrónimo de "Gens Y Dalli"

Catálogo de bombas y motores GEYDA
La empresa pasó a manos de Carlos Gens Minguet, que en 1930 tomó la decisión de encargar a Borso di Carminati una sede adecuada a las nuevas necesidades de la empresa. Borso di Carminati planificó en una zona entonces rodeada de huertas un complejo de estilo art decó que incluía áreas industriales y administrativas y un palacete que había de servir como residencia del propietario. Carlos Gens Minguet permaneció al frente de la empresa hasta 1951. Su sucesor y último propietario fue Carlos Gens Navarro.

Tras el incendio. Fuente: http://lejosdeltiempo.wordpress.com/
La empresa cerró en 1991 y el complejo industrial se vio afectado por una devastadora espiral de abandono y ruina que pese a las voces que clamaban por su conservación y a ser edificio protegido, culmino con el incendio de parte del complejo en febrero de este mismo año. En los últimos meses se han abierto nuevas perspectivas favorables para la conservación del emblemático complejo tras ser adquirido por la fundación Per Amor a l´Art con vistas a su restauración para darle un nuevo uso como centro cultural. 




sábado, 11 de octubre de 2014

Fábrica de conservas de Harker y Badía. Calle Ruaya, 46.

Fábrica de conservas de Harker y Badía. Calle Ruaya, 46.

                    

En el año 1908 se crea la fábrica de conservas de José Badía en la calle Casas del Real o también llamada "carrer de Mija Galta", que según e José Martínez Aloy en el artículo La alquería de Barrinto que yo conocí (consultado en línea y publicado en noviembre del 2011), corresponde a la actual calle del Actor Mora, aunque poco tiempo después el domicilio social de esta fábrica tiene su entrada por la calle Ruaya, calle que en año 1909 solo tiene una referencia de comercio en toda la calle.

Publicidad en tarjeta postal. Fuente: Todocolección
Cuando abre Badía en Valencia habían pocas fábricas que se dedicaran a las conservas de frutas y hortalizas y estaban todas en la periferia de la ciudad, destacando la de Moisés Anadón en el Camino Nuevo de Bujassot,  Guillermo Morris en el camino Nuevo del Grao  o la fábrica de conservas vegetales de los Hermanos Aracil en el Camino de las Atarazanas,7.

El fenómeno del uso de las conservas se inició en el año 1795 cuando el pastelero francés Nicolás Appert empezó a utilizar el procedimiento de esterilización que tiene su nombre, desde su pequeña pastelería parisina. Los alimentos se metían en un tarro de cristal cerrado con un tapón de corcho que cerraba herméticamente el producto. Posteriormente este recipiente se calentaba al baño maría con agua hirviendo, y posteriormente cambió este procedimiento por vapor que permitía una mejor conservación. En 1822 fue nombrado Benefactor de la Humanidad por la Sociedad de Fomento de la Industria Nacional. Por otro lado en 1810 el inglés Peter Durand patenta una caja de hojalata soldada que sustituía al cristal, y que tenía un agujero superior por donde se introducía el contenido a guardar.
La extensión del uso de los alimentos en conservas fue crucial para abastecer a los soldados durante la I y la II Guerra Mundial.

Primeros botes de conservas. Fuente: Junta de Andalucía
En la década de los años veinte del siglo XX  la empresa se convierte en capital extranjero bajo la denominación  Harker y Badía S.L., orientado su producción a la exportación íntegra de su producto a la exportación al extranjero, principalmente al Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Argentina y Cuba. No será la única industria conservera valenciana con capital extranjero, ya que la la Sociedad The Morris Preserves Exportation Co. Ltd. de origen inglés con sede en Londres, con centros de producción en Puzol y Valencia.

Fuente: Revista El Sueco año 1925
Ficha publicitaria de 5 céntimos






Las fábricas conserveras tenían su zona para la producción de sus propios envases tanto de cartón como de hojalata, que se compraban en el extranjero. Esta dependencia de la materia prima extranjera hizo que no se desarrollara fuertemente en la economía española.

La producción de esta conservera llegó a las 2.516 toneladas en el año 1933 con un valor de ventas de más de un millón trescientas mil pesetas de la época, todo en el mercado internacional. En el ámbito estatal se producía 60.000 toneladas orientado el 80% a la exportación.


Por lo tanto esta empresa siempre estuvo orientada a la exportación de productos de la huerta de valencia: tomates (bajo la valenciana marca de El Palleter), cítricos, verduras y frutas diversas para mermeladas.

En la posguerra la fábrica estuvo a nombre de José Badía Sania hasta su fallecimiento en el año 1956, desde entonces la empresa se llamó Conservas Badía S.A. hasta su disolución en el año 1997. En sus últimos años  la empresa estuvo asociada a Faconsa (Fabricantes de Conservas S.A.), junto con otras empresas valencianas. Participó en numerosas Ferias como expositor, como la Feria Internacional de Barcelona en el año 1974. Actualmente Conservas Badía S.L. suministra a Mercadona.

Latas de cerezas, cabello de ángel y macedonia
Tomate de la huerta valenciana



Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández

































jueves, 2 de octubre de 2014

Sastrería El Dos de Mayo. Calle Bolsería 42.

Sastrería El Dos de Mayo. Calle Bolsería 42.

Fuente: http://valenciadesaparecida.blogspot.com.es/
 El Comercio de la calle Bolsería 42 siempre ha sido predestinado a ser un comercio dirigido a la venta de paños y telas, desde hace más de cien años, hay muy pocos comercios en Valencia que se pueda dar la misma circunstancia.

La calle Bolsería era a finales del siglo XIX una calle eminentemente comercial, donde la mayoría de los comercios se dedicaba a la venta de telas: desde las pañerías donde se vendía los retales y telas para la confección de ropa de forma económica en la privacidad del domicilio familiar ( el caso de las personas menos acomodadas), las sastrerías que hacían trajes según la moda que imperaba en ese momento a un precio un tanto prohibitivo, pasando por los comercios de ropas hechas que vendían la ropa ya confeccionada pero sin talla determinada que luego en casa se ajustaba a la medida del comprador. Muchos comercios en esta calle combinaban las venta de un producto u otro intentado atraer al mayor número de clientes con distintos "posibles". Tal es el caso de este comercio estudiado.

Para hacernos una composición de lugar cabe indicar que en esta calle se encontraban en 1892: la sastrería de Joaquín Ipa , las tiendas de ropas hechas de Joaquín Santafé en el número 36,  de Francisco Pons en el 35, de Joaquín Barrachina en el 34 o la de Salvador Muñoz en el 33, por citar algunos ejemplos.
Fuente: Blog Remember Valencia III. Post 3839
El antecedente de la tienda El Dos de Mayo (como así se publicita en alguno de sus anuncios) es la sastrería de Antonio Sebadilla que abre sus puertas en el año 1883. Todo parece indicar que la familia vive en el mismo edificio ya que en el año  1897 en el mismo número es propietario José Ramón Sebadilla . El sastre ocupa dos números de la calle Bolsería  (el actual 42 y 44), situación que perdura hasta principios del siglo XX  cuando fallece.

El negocio de paños y sastrería  lo regenta  primero su viuda y posteriormente su hijo, tal situación persiste hasta los años 20, cuando  el negocio pasa a nombre de Antonio Borja Alberola de profesión sastre, negocio que será conocido como El Dos de Mayo, un comercio con tintes patrióticos ya que rememora  el levantamiento de los madrileños ante la invasión napoleónica en 1808. Para que no quede duda de tal patriotismo el letrero de cristal estaba decorado a dos colores formando la bandera de España. 
Fuente: Remember Valencia III. Post 3836
Antonio Borja fue  Maestro Mayor del Gremio de Sastres y Modistas de Valencia, un gremio muy antiguo en la ciudad que se creó en 1247 regulado por Jaime I  y que incluía a sederos, tejedores, sombrereros, siendo el de sastres uno de los oficios más influyentes, sobre todo en el siglo XV y XVI debido al comercio de la seda.

Orientó su negocio compaginando la pañería con la ropa hecha a medida casi siempre para hombres, destacando  la distinción y clase de sus realizaciones. También se especializaba en trajes para trabajadores de banca y oficinas. Abrió una sucursal en la avenida del Caudillo de Sueca.

Antonio falleció el día 1 de noviembre de 1962, momento en el que asumió el negocio primero su viuda y posteriormente su hijo Antonio. 

Actualmente la tienda que ocupa el lugar de El Dos de Mayo es la tienda de ropas Copelia, boutique de vestidos, prendas diseñadas por  Hugo Díaz  de la misma manera artesanal que hicieron  los antiguos propietarios de ese mismo emplazamiento. También dispone de bolsos y complementos y hacen exposiciones  de arte. Es por tanto tienda y obrador, taller que se abrió en 1988.

Confecciones El Directo,que actualmente se han trasladado a la calle de la Carda por el derribo de la finca, y Confecciones La Purísima  son el reflejo de esta actividad que siempre tuvo su importancia en la transitada calle de la Bolsería.

Autores:

Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.