jueves, 29 de enero de 2015

JOSÉ PÉREZ E IGNACIO SESÉ, AGENTES DE QUINTOS. CALLES RIBERA Y REY DON JAIME.

JOSÉ PÉREZ E IGNACIO SESÉ, AGENTES DE QUINTOS. CALLES RIBERA Y REY DON JAIME.

Para ver a modo de introducción, algunos comentarios sobre el reclutamiento militar a finales del siglo XIX pinchad aquí:

http://comercioshistoricosdevalencia.blogspot.com.es/2015/01/agentes-de-quintos-en-valencia-entre-la.html

Los agentes de quintas actuaban como intermediarios cuando una familia acomodada quería librar a uno de sus miembros varones de los rigores de la guerra. En tiempos de paz todo podía arreglarse mediante el abono de una fuerte suma, pero cuando las necesidades de la guerra incrementaban la demanda de efectivos militares resultaba imprescindible encontrar un sustituto.

"A Cuba por no tener cien reales" La escena ilustra con dramatismo la desesperación de una familia al no poder librar al hijo mayor del reclutamiento para la Guerra de Cuba por carecer de la renta necesaria para comprar la exención. Originalmente publicado por la revista satírica. "El Motín".
La tarea no era difícil pues en caso de no poder comprar o coaccionar a un empleado o subalterno para que cargase con la obligación siempre podía encontrarse a quien por estar en situación de necesidad aceptase ser reclutado a cambio de una compensación.

Era aquí donde entraban en juego las agencias de quintas que se encargaban de prestar el servicio de intermediación entre unos y otros. A ellas acudían quienes deseaban librarse del servicio presentando un sustituto y ellas se encargaban de encontrar tal sustituto.

Cabe decir que a la evidente injusticia del sistema se añadía el que a las familias pudientes eximir a sus varones del servicio podía resultarles extremadamente económico. No siempre era preciso pagar al sustituto una gran suma que cuanto menos hubiese servido como compensación, a menudo bastaba con ofrecer empleo a un padre desempleado con varios hijos al cargo y familia en situación de necesidad, para que uno de los hermanos en edad militar aceptase el sacrificio como medio de salvación familiar: en otras ocasiones bastaba con amenazar con el desahucio a la familia de inquilinos que por falta de ingresos se retrasasen en el pago de la renta para que uno de los varones de la familia se viese forzado a aceptar la sustitución. La injusticia inherente al sistema se veía reforzada por la capacidad de coacción que los beneficiarios del mismo podían ejercer sobre los perjudicados por el mismo.

Cuando el sustituto no aparecía o la coacción no daba frutos era preciso recurrir a otros medios, había llegado el momento de recurrir a un agente de quintas, que se ocupaba del engorroso asunto buscando a un sustituto para cada uno de sus clientes, si bien aunque esta era la actividad más relevante del negocio, el agente de quintos podía actuar también como gestor o asesor en otros asuntos administrativos o de orden práctico relacionados con el reclutamiento.

En 1892 existía un único agente de quintos en la ciudad de Valencia. Se trataba de José Pérez, que prestaba sus servicios en la calle Ribera 4. Es interesante constatar como la evolución de la Guerra de Cuba parece fomentar este negocio y así en 1894 a José Pérez,, se suma la agencia La Esperanza, propiedad de Ignacio Sesé Piris con sede en el 16 de la calle Rey Don Jaime, la Guerra de Cuba está a punto de estallar y con ella la demanda de reclutas rumbo a isla antillana. Poco después José se muda a la calle de Mosén Femades. En vísperas del Desastre del 98 ambas agencias parecen bastar para las necesidades de la ciudad y de hecho La Esperanza parece haber cesado su actividad aún antes de que la derrota acaezca pues su propietario se dedica ahora a otros menesteres.

No hay que esperar mucho para que las agencias de quintos entren en declive, el negocio de José Pérez sobrevive a la derrota aunque por poco tiempo pues desaparece en torno a 1900. Es evidente que la derrota en Cuba y Filipinas y el fin de las hostilidades tiene mucho que ver con este repentino cese de actividad. Nada se sabe ya de José Pérez a partir de 1901 y en lo que a Ignacio Sesé se refiere, pega este un giro radical a sus actividades para convertirse en exportador de fruta, operando desde el Grao. La actividad de los agentes de quintas resultaba un negocio muy coyuntural y estrechamente vinculado con las necesidades militares y los requerimientos en tiempo de guerra pues en tiempo de paz se requerían cupos más bajos y para quien se lo podía permitir resultaba más sencillo eludir la leva.

Cabecera de La Correspondencia de Valencia del 10 de julio de 1909. A la izquierda bajo el título "Lo de Marruecos" el diario se hace eco del ataque rifeño a los empleados de las obras del ferrocarril minero, casus belli para la II Guerra de Melilla.
Pero no habrá que esperar demasiado. África se convierte en el sustituto emocional de un ejército herido en su orgullo y de una élites económicas que observan con avidez las posibilidades de la minería en el Rif, zona del Sultanato de Marruecos reservada a la influencia española desde la Conferencia de Algeciras de 1906. La injerencia española en los asuntos internos de la región, solo muy relativamente controlada por el sultán sumiso a los intereses coloniales europeos, excita los ánimos de algunos líderes locales y la construcción del ferrocarril minero de Melilla se convierte en el detonante de la que será conocida como Guerra de Melilla de 1909. Aunque el resultado final será una costosa victoria española la campaña no estará exenta de duros reveses y la propia Melilla se encontrará durante un tiempo cercada y amenazada.

En este contexto la agencia de quintos vuelve a ser un negocio rentable, que en 1910 en Valencia asumía el Banco Aragonés de la calle de la Paz. Poco más recorrido habrían de tener estas agencias, al menos con su función original pues en 1912 el gobierno extendería el servicio militar a todos los varones en edad militar sin excepción acabando al tiempo con el negocio y con la injusticia del sistema, aunque las familias acomodadas aún se las podían arreglar consiguiendo de una forma o de otra, mejores destinos para sus hijos y esposos.

Como se ve, este peculiar negocio nunca estuvo especialmente extendido por la ciudad, con tan solo dos agentes en su periodo de apogeo. La coyunturalidad de una actividad estrechamente ligada a la recluta militar, incrementada en tiempos de guerra, no dejaba apenas margen al crecimiento, pues si bien los reclutados eran muchos solo una minoría pudiente requería los servicios de tales agencias. Con un mercado muy limitado de por sí la actividad se expandía o retraía al ritmo de la necesidad de hombres para la guerra por lo que la actividad de los agentes reaparecía y se desvanecía según llegaba guerra o paz.

No parece que tales agencias requiriesen de mayor infraestructura que un despacho, que bien podía ser una dependencia del propio domicilio del agente o alguna oficina en un inmueble compartido con otros servicios y actividades. Para tal actividad no se requería tampoco un gran bajo comercial y en definitiva la actividad podía llegar a tan lucrativa como poco costosa para el agente. No parece haber tampoco una motivación específica relacionada con las necesidades del propio negocio para la elección del emplazamiento de las agencias, las calles elegidas por los agentes particulares no se cuentan entre las más céntricas o comerciales de la ciudad, aunque la del Rey Don Jaime se signifique en su momento por su modernidad. Más llamativa sin duda es la localización de la agencia abierta por el Banco Aragonés aunque en este caso deben realizar tal función los locales de la propia entidad bancaria.




martes, 27 de enero de 2015

Agentes de quintos en Valencia entre la Guerra de Cuba y la del Rif. PRIMERA PARTE

AGENTES DE QUINTOS EN VALENCIA ENTRE LAS GUERRAS DE CUBA Y DEL RIF


PRIMERA PARTE: EL RECLUTAMIENTO MILITAR Y LAS EXENCIONES DE SERVICIO

Nos ocupamos hoy de una forma peculiar de comercio, controvertida en su tiempo y signo de injusticia social hoy: las agencias de quintos, un negocio desconocido hoy en día que jugó en el pasado un papel en los asuntos relacionados con la gestión del reclutamiento militar.

El artículo se publicará en dos partes, la primera destinada a enmarcar este peculiar negocio en el contexto del reclutamiento militar de su tiempo y la segunda, con título “José Pérez e Ignacio Sesé, agentes de quintos”, dedicada a las agencias de quintos de Valencia que operaron entre los prolegómenos de la Guerra de Cuba de 1895-98 y los primeros avatares de la Guerra del Rif hasta que en 1912 el gobierno reformó el marco legislativo para suprimir las redenciones de servicio.

Columna de infantería protegiendo un tren de transporte
Hasta 1912 el reclutamiento para el servicio de armas en España se gestionaba mediante el sistema de quintas, formadas por el conjunto de los varones que a partir de una determinada edad eran considerados aptos para el ejército, cada quinta se correspondía con la generación nacida en un mismo año y había de cubrir un cupo determinado por la necesidad de personal que el ejército tuviese y que podía completarse en tiempos de guerra con tantas levas posteriores como conviniese a la situación.

En el derecho castellano las quintas datan del s. XV aunque en términos generales cabe decir que el sistema no se mantuvo y los ejércitos de los estados peninsulares se nutrieron de mercenarios o en su defecto, de marginados que encontraban en el ejército una forma de vida y de encuadramiento social o bien de vagabundos, capturados directamente en redadas con el fin de incorporarlos a la milicia.

Primera edición impresa de la Constitución de Cádiz de 1812, "La Pepa"
El sistema comienza a cambiar a partir de 1812, cuando las Cortes de Cádiz proclaman la obligatoriedad del servicio de armas para todos los varones. Tal disposición dio paso en décadas posteriores a una sucesión de disposiciones y desarrollos legales que darían forma al servicio militar.

Quedó así instituido el servicio militar, obligatorio sí, pero no para todos los varones pues el sistema garantizó una serie de privilegios de clase que eximían del mismo a las clases más acomodadas. En 1856 se matizó la evidente injusticia social del sistema aunque sin socavar sus bases, pues el sistema de redención por clase fue sustituido por la posibilidad de quedar exento de servicio previo pago de una tasa o la presentación de un sustituto, de forma tal que fueron las capas humildes de la sociedad las que continuaron cargando sobre sus hombros el peso del servicio en tanto las clases favorecidas lo eludían. En este punto entran en juego los agentes de quintas.

Restos mortales de los defensores de Monte Arruit. 
La injusticia del sistema es evidente: en vísperas de las sucesivas guerras coloniales y durante las mismas, las clases pudientes alentaban la política militarista para favorecer sus propios intereses económicos pero no eran ellas, sino las clases humildes. las que pagaban el precio en sangre. Durante la Guerra de Marruecos o durante la Guerra de Melilla de 1909 por poner solo dos ejemplos los intereses económicos de la oligarquía industrial española fueron defendidos al precio de la vida de las clases humildes que nada tenían que ganar y sí mucho que perder pues el fallecimiento o la mutilación de un cabeza de familia podía abocar al resto de la misma a la ruina y la necesidad.

viernes, 9 de enero de 2015

TIENDA DE LUZ Y GAS DE VICENTE LÓPEZ GINER. CALLE DE SAN VICENTE 97 Y OTRAS DIRECCIONES

TIENDA DE LUZ Y GAS DE VICENTE LÓPEZ GINER. CALLE DE SAN VICENTE 97 Y OTRAS DIRECCIONES



El aceite fue el combustible principal de la escasa iluminación urbana de Valencia durante las épocas medieval y moderna durante las cuales la ciudad, al caer la noche se convertía en un dédalo de calles lóbregas apenas iluminadas por algún esporádico fanal en las esquinas de las calles más señaladas

En el ámbito doméstico la situación solo era algo mejor. La luz en las casas era pobre y vacilante, proporcionada por candiles de aceite y alguna vela de sebo o de cera. Tal situación obligaba a que la jornada de trabajo se estableciese al ritmo que marcaba el sol más que el reloj y a que en los talleres se trabajase a menudo a pie de calle, junto a la puerta del obrador.

La llegada del gas ya en el siglo XIX, que podía ser canalizado y cuyo suministro podía ser regulado según las necesidades del momento mejoró algo la situación, al menos en lo que al ámbito público y los hogares más pudientes se refiere, pues los más humildes continuaron iluminados por la vacilante llama de velas y candiles. Como es normal la llegada del gas afectó de lleno a quienes hacían negocio del suministro de combustible para los fanales de aceite de forma tal que durante un tiempo hubo quien no dudó en poner en tela de juicio la seguridad del uso de gas, sembrando la ciudad de rumores sobre el riesgo de una tragedia apocalíptica que habría de ser provocada por la explosión del peligroso nuevo combustible.

Membrete para facturas y albaranes de la fábrica de gas y electricidad Lebón en Valencia. Año 1912-
No hubo marcha atrás sin embargo, la ciudad no voló por los aires a causa de una explosión de gas y la tecnología fue mejorando para potenciar sus usos públicos y también privados hasta que la electricidad tomó el relevo del gas. En 1882, tal y como explicamos en nuestro libro Comercios Históricos de Valencia, Casa Conejos incluyó la electricidad entre sus reclamos al iluminar su escaparate con modernos faroles eléctricos, es probablemente el primer comercio valenciano en hacerlo.

Así pues, de la mano de la consolidación de estas nuevas tecnologías, surgió un nuevo tipo de comercio destinado a dar abasto a la demanda de mantenimiento  de los equipos relacionados o de productos y maquinarias que empleasen las nuevas fuentes de energía. Llega así a Valencia un nuevo concepto de comercio: la tienda de productos de luz y gas.

Mechero de gas antiguo.
Vicente López Giner era lampista de formación aunque probablemente comenzó su carrera comercial como comisionista a finales del siglo XIX. Entre 1902 y 1903 abrió una lampistería en el número 49 de la calle del Mar. En estas fechas, él o acaso alguien con él relacionado abre una tienda de aparatos eléctricos en los números 10 y 12 de Poeta Querol, aunque si Vicente tenía parte en ella, pronto parece dejarla de lado, centrado en su lampistería, que regenta hasta 1903.

A partir de ese momento la carrera de Vicente pega un vuelco. Ciertamente la lampistería guarda relación con las necesidades del suministro de gas, que ha de realizarse mediante canalizaciones debidamente selladas. Vicente debió aprovechar sus habilidades para enfocarlas hacia el emergente sector de los productos y servicios relacionados con el suministro y aprovechamiento de energía y de este modo en 1904 ya se halla abierta la tienda de mecheros y manguitos de López y García, en el 97 de la calle de San Vicente.

La sociedad López y García parece efímera pues un año después Vicente López ya regenta la tienda en solitario. La venta de mecheros y manguitos da paso en la primera década del s. XX a la incorporación de nuevos productos tales como accesorios y aparatos eléctricos.

Entre 1913 y 1914 Vicente López amplía su negocio con una segunda tienda en la calle de la Paz 5. Ambas tiendas, San Vicente y Paz, coexistirán durante pocos años pues a lo largo de la década la tienda de San Vicente pasará a manos de Salvador García, dedicado a idéntico negocio.

Vicente retendrá para sí la tienda de la calle de la Paz, aunque durante los años veinte la abandonará también de forma tal que a principios de los años treinta vemos instalado en ella a Vicente Pichó, dedicado también a la venta de aparatos eléctricos a los que sumaba la comercialización de equipos de radiotelegrafía. Vicente López Giner se muda a la calle Sevilla en la que iniciará la etapa final de su carrera comercial al abrir una fábrica de aparatos eléctricos con taller anejo de lámparas y bronces. Falleció en 1945 aunque probablemente se hallaba retirado desde tiempo antes ya que en esas fechas el local de su fábrica, ahora en manos de Vicente Cervera, estaba ya dedicado a una actividad bien diferente, la producción y venta de perfumes.



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sábado, 3 de enero de 2015

NOTICIAS Y NOVEDADES VARIAS

NOTICIAS VARIAS


Inauguramos 2015 y con él un buen número de novedades y notas de interés.

En primer lugar, los autores estamos de enhorabuena: nuestro libro Comercios Históricos de Valencia ha agotado la primera edición encontrándose la segunda ya en fase de distribución. Depurada de los errores "de juventud" propios de las primera edición, ya se encuentra en librerías.

El libro ha tenido una más que notable repercusión mediática, premiando así nuestro esfuerzo y también la firme apuesta que Carena Editors hizo por nuestro proyecto, con una edición de atractivo excepcional y excelente calidad.

Las Provincias, Levante-EMV, ABC, El Mundo y Valenciaplaza.com nos han dedicado extensos artículos en prensa en tanto que Cadena Ser, La 97.7, Radio Nacional de España y EsRadio nos han entrevistado.

Diario El Mundo 30 de diciembre del 2014
Pasados los fastos navideños tenemos preparados nuevos eventos de las que ya daremos noticia a su debido tiempo.

En el blog vamos a incluir una novedad. Ocasionalmente y entre los artículos habituales centrados en la historia de un comercio enmarcada en su contexto histórico incluiremos algún esporádico artículo en torno a anécdotas o curiosidades sobre la historia comercial de la ciudad. En esencia seguiremos igual que hasta ahora, pero con la inclusión ocasional de algún artículo anecdótico que proporcionará cierta variedad de contenidos. El primero de ellos saldrá mañana.


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