domingo, 1 de marzo de 2015

La New-York. Academia velocipédica de Lázaro y Moragues. Calle Ruzafa 55

La New-York. Academia velocipédica de Lázaro y Moragues. Calle Ruzafa 55


El negocio de ventas de bicicletas era muy próspero en Valencia, debido a un clima y una orografía favorable para su difusión. El coche era prohibitivo para la clase media valenciana que únicamente estaba reservado la burguesía que vivía en el ensanche de la ciudad.

En contra de lo que pudiera parecer, la bicicleta no era un producto excesivamente barato y al alcance de todo el mundo. Las bicicletas se compraban a plazos y diferentes comercios en Valencia se disputaban en exclusividad la venta de marcas españolas y extranjeras de carácter exclusivo. La casa de Miguel Blasco en el paseo Colón del Grao, las biclicetas Trianón en  la calle de la Paz 33 (que vendían a plazos de 23 pesetas mensuales) la Casa García en Juan de Austria 9 que además vendía complementos, o la actual tienda de bicicleta de Rafael Abad  son algunos ejemplos de la prosperidad de este negocio.
Evolución de la bicicleta. Fuente: Wikipedia
Las bicicletas eran caras por lo tanto su compra para disfruto personal y para regalar se reservaba para ocasiones especiales como navidad y reyes. Si la bicicleta se estropeaba se podía recurrir a los múltiples talleres de reparación que existían en Valencia, algunos de carácter muy modesto y casi artesanal. Destacaban los talleres de Jesús Arce en la calle Jesús, Alfredo Llopis en el paseo de Colón o Emilio Pérez en la calle Sevilla.

Esta publicidad corresponde al negocio de almacén de bicicletas de Lázaro y Moragues situado en la calle de Ruzafa número 55, lugar donde estuvo ubicado el antiguo Tívoli  valenciano como reza en esta publicidad. el Tívoli estuvo abierto en la calle Ruzafa desde el año 1877 hasta 1892.

El negocio de bicicletas recibía el nombre de La New-York, un nombre que hoy nos resulta peculiar pero que a principios de siglo era bastante habitual tanto en Valencia como en el resto de España. En nuestra ciudad  existía la funeraria llamada New Funeral ubicada en la calle Colón nº 22 o la compañía de seguros  New-York sita en la plaza de Tetuán nº 18. Este nombre aplicado al mundo de las bicicletas reforzaba la idea de que ir en bicicleta estaba de moda y era un deporte propio de las sociedades más avanzadas.

Este negocio de bicicletas no difería demasiado con respecto a su competencia. Se vendían bicicletas fabricadas en U.S.A. Inglaterra y Francia así como sus accesorios. Aquellas personas que no se podían permitir el lujo de adquirir una la podía alquilar a un precio de 1 peseta.En su publicidad no se recataban en afirmar que tenían la mayor selección de bicicletas de toda España, en una época donde la publicidad engañosa estaba permitida.

Muy novedoso debería ser el mundo de la bicicleta para tener que explicar cómo funcionaba un método de transporte tan fácil de utilizar (al menos desde nuestra mentalidad moderna). El negocio disponía de una Academia velocipédica, de carácter gratuito para convencer a los recelosos de las dos ruedas de las ventajas de este novedoso método de transporte. Había que captar nuevos clientes a toda costa.

La sociedad entre Lázaro y Moragues (como casi todas las sociedades) duró tan poco que no podemos decir de que año es esta publicidad. El primero en adentrarse en el negocio de ventas de bicicletas fue Enrique Moragues que abrió tienda de bicicletas en el temprano año de 1897 en la calle Colón nº 3. Manuel Lázaro aparece en el año 1922 como vendedor de bicicletas, muy posiblemente después de esa sociedad con Moragues, en la calle Guillem de Castro nº 27, negocio que estuvo abierto hasta la República Española. En  1931 el negocio lo regentó su viuda.

Autores: Enrique Ibáñez y Gumer Fernández.